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Huía del maltrato en EU y en Durango la estafaron, la despojaron y la dejaron en la calle

La historia de una paisana que regresó a Durango buscando paz y encontró todo lo contrario.

Huía del maltrato en EU y en Durango la estafaron, la despojaron y la dejaron en la calle

SAÚL MALDONADO 29 ene 2026 - 15:55

María de Lourdes Vargas, de 70 años y originaria de Durango, regresó a su tierra natal tras vivir en Estados Unidos desde los 13 años. Cuenta con ciudadanía estadounidense y aseguró que decidió volver para no seguir soportando, según dijo, las “porquerías” que el presidente Donald Trump está haciendo contra los latinos. Sin embargo, afirma que en Durango ha sido tratada peor que en el vecino país.

Vargas reside en Santa Bárbara, California, donde trabaja y también realiza labor social en apoyo a personas necesitadas, principalmente latinos. A pesar de la distancia, nunca se olvidó de su familia en Durango y durante años envió dinero para comprar la casa donde vivía su madre, quien falleció hace algunos años.

Con el deseo de pasar sus últimos años en su estado, compró un terreno en el fraccionamiento Del Bosque y contrató a una persona para construir un inmueble de dos pisos: una galería, ya que le gusta pintar, y un departamento en la planta alta.

Tras la muerte de su madre, dejó de viajar con frecuencia, aunque continuó enviando dinero para su proyecto de retiro. En octubre de 2025 decidió viajar a Durango, cansada de la situación en Estados Unidos y con la intención de supervisar la obra.

Al llegar, se llevó la primera sorpresa: la persona que contrató inició la construcción en el lote equivocado, es decir, en el terreno contiguo y no en el suyo. Para entonces, ya había enviado más de dos millones de pesos.

Intentó dialogar con los propietarios del terreno donde se edificó la construcción para proponer un intercambio de lotes, ya que ambos eran similares. Sin embargo, no hubo respuesta favorable. Por el contrario, a través de un abogado le dieron un plazo de una semana para demoler lo construido y dejar el predio limpio.

La persona encargada de la obra se deslindó del problema y dejó de responder llamadas. “Es como si ya no existiera; solo me dejó con el problema y desapareció”, relató.

Para no perder lo ya edificado y evitar conflictos, Vargas decidió donar la construcción a la familia propietaria del terreno, la misma que le exigía derribar todo.

La mujer también cuestionó a las autoridades municipales encargadas de otorgar permisos de construcción. “O son cómplices, o en Durango no se revisa nada, o siempre existen los moches”, expresó entre lágrimas.

Vargas regresó a Estados Unidos en diciembre para pasar las fiestas con sus dos hijos, pero volvió a Durango en enero, decidida a establecerse definitivamente.

Se dirigió al hotel donde solía hospedarse, ubicado en la calle Juan E. García, donde acostumbraba a pagar por adelantado. En esta ocasión también envió el pago por dos meses de estancia, pero al llegar le negaron hospedaje con el argumento de que al dueño “los narcos” le habían quitado el hotel. Además, el administrador no le devolvió el dinero.

Tampoco pudo quedarse en la casa de su madre, ya que está a nombre de una hermana que también falleció, y ahora sus sobrinos no la reconocen como tía ni le permiten el acceso.

“Es una verdadera tristeza llegar con ilusión y quedarse en la calle. El señor del hotel me robó mi dinero, mis sobrinos se quedaron con la casa que yo pagué y la casa que estaba construyendo no es mía. Yo, que en Santa Bárbara me dedico a ayudar a gente necesitada, llego a Durango y nadie me ayuda; todos se aprovechan”, expresó entre sollozos.

Al quedarse sin alojamiento y sin conocer ya bien la ciudad, una persona le ofreció rentarle un departamento en el barrio de Analco, a una cuadra de donde está el hotel.

La señora Vargas aceptó y le pagó dos meses por adelantado, pero sin ver el departamento. No obstante, al ver el lugar se llevó otra decepción: el baño no funciona, las paredes están húmedas, el techo gotea y no hay agua caliente.

Cuando reclamó, el arrendador le dijo que podía quedarse si quería, pero que no le devolvería el dinero.

“No puede ser. Vengo de un lugar donde maltratan a los latinos, pero aquí en mi tierra también maltratan a los paisanos. Llego a Durango y me roban, me estafan y se burlan de mí”, lamentó.

A pesar de todo, María de Lourdes Vargas afirmó que no se rendirá. Sus hijos le piden que regrese a su casa en Santa Bárbara, California, pero ella mantiene su decisión: “Soy luchona. Dije que pasaría los últimos años de mi vida en mi tierra y lo voy a hacer”, concluyó.

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