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Injerencia

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CARLOS ELIZONDO 11 oct 2026 - 10:46

Si Brasil tuviera las instituciones electorales de México, Flávio Bolsonaro sería hoy el futuro presidente. Lula, sin embargo, podría solicitar que se anulara la elección. El nuevo artículo 41 de la Constitución mexicana lo permite cuando “se acrediten actos de intervención o injerencia extranjera que influyan en los resultados electorales” y “se presumirá que las violaciones son determinantes cuando la diferencia entre la votación obtenida entre el primero y el segundo lugar sea menor al cinco por ciento”. En Brasil fue de 1.9 puntos.

No hay aún ley reglamentaria. Mientras tanto, su interpretación dependerá del Tribunal Electoral, capturado por el gobierno.

La nueva ley está pensada para el 2030. La iniciativa morenista que no ha sido aprobada es vaga. Considera injerencia “cualquier acto que tenga por objeto influir indebidamente en la organización, desarrollo o resultados de los procesos electorales federales o locales”, incluidos “actos de presión política, económica, diplomática o mediática que tengan por finalidad alterar la voluntad popular”. Y remata: “la persona o partido político que haya resultado beneficiado por la intervención sancionada quedará impedido para participar en los comicios subsecuentes”.

En Colombia, el presidente saliente, Gustavo Petro, planteó anular la segunda vuelta, pues el candidato de su partido perdió por un punto, alegando el respaldo de Trump a Abelardo de la Espriella, el ganador. En sus palabras, la injerencia extranjera “es causal de rebeldía y de alzarse en armas como hice de joven”. No tenía el instrumento legal para solicitar su anulación.

En Brasil la injerencia ha sido más explícita. Trump le impuso aranceles en apoyo del expresidente Bolsonaro, padre de Flávio, con quien se reunió en la Casa Blanca. Tras la votación del 4 de octubre celebró “una gran victoria”. Lula no ha amenazado con desconocer los resultados de la segunda vuelta, que será en dos semanas. No es claro si la injerencia de Trump ayudó a Flávio Bolsonaro en la primera vuelta. En la prensa local se discute si lo impulsó o le restó votos.

Trump a veces estorba a quienes trata de impulsar. En Hungría, la campaña del vicepresidente Vance a favor del conservador Viktor Orbán, días antes de la elección de abril, lejos de evitar su derrota, probablemente la amplió. El liberal Mark Carney ganó en Canadá, a pesar del enorme desgaste de su partido y de su primer ministro saliente, Justin Trudeau, porque el electorado respondió con enojo a las amenazas de anexión de Trump que acabaron por perjudicar a los conservadores.

En otras sí ayuda. El partido de Javier Milei probablemente ganó la elección intermedia por la promesa de Trump de prestarle recursos al gobierno argentino si ganaba su partido. En Honduras, la amenaza de Trump ayudó a su candidato, Nasry Asfura, y dejó al gobierno de izquierda sin el espacio político para tratar de manipular el resultado.

Como el efecto de la injerencia es prácticamente imposible de medir, anular por esa razón es una llave en manos del Tribunal Electoral de nuestro país para determinar quién gobierna. Si un opositor a Morena ganara por poco margen en el 2030, bastaría un tuit a su favor del ya para entonces expresidente Trump para anular la elección, incluso si ese tuit le hubiera restado votos al encender el nacionalismo del elector. Si ganara Morena, un tuit de Trump elogiando a su candidato no tendría mayor consecuencia.

México ocupa el lugar 73 en el Índice de Elecciones Libres y Justas de V-Dem, por debajo de Jordania y Guatemala. La ley antimemes, los jueces electos con acordeones y esta causal de nulidad son algunas de las acciones que limitan los procesos electorales en México. Este tejido de restricciones y controles está diseñado para proteger a los electores de ser manipulados por memes perversos diseñados con IA o por injerencistas extranjeros. ¿No que el pueblo era sabio?

ÁTICO

Como el efecto de la injerencia extranjera no se puede medir, anular por esa razón es una llave en manos del Tribunal Electoral.

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