La claridad de Ortega y Gasset
Por cumplirse años de la muerte de José Ortega y Gasset ocurrida en 1956. El filósofo iluminó el camino de muchos, de aquellos españoles e hispanoamericanos que recorrieron los años difíciles de la vida, su influencia es notable todavía en la nueva generación de habla castellana, una forma de rendirle homenaje es preguntar por qué.
Ortega fue por lo pronto un filósofo, pero hay 2 formas de imaginar a los filósofos en éste siglo, una rama de la filosofía, la más nutrida, ha derivado en una suerte de ciencia de la lógica y el lenguaje a partir de uno de los grandes pensadores del siglo XX, Ludwig Wittgenstein, esto ha dado lugar a una copiosa bibliografía altamente técnica, incomprensible para el hombre común, que es, sin duda, muy valiosa pero difícilmente “filosófica”.
Si por “filosofía” vamos a entender lo que entendían los griegos cuando inventaron la palabra “filo” “amor”, “sophía” “sabiduría”, el filósofo no es aquel que se especializa en una rama del saber, la lingüística, la lógica ó la teoría del conocimiento, si no aquél que ama la sabiduría buscando el conocer las claves para vivir como un sabio.
La segunda rama filosófica del siglo XX respondió más a ésta idea de la filosofía en cuanto saber del sabio y no en cuanto a saber del científico (quien bien puede no ser un sabio, como un campesino analfabeto, en cambio puede ser sabio porque la sabiduría no es erudición o capacidad tecnológica, si no conocimiento de y para la vida). Su representante mayor es sin duda Martín Heidegger, Ortega militó en esta escuela.
Otro español, Xavier Zubirí también arrancó por este camino con un libro maravilloso, “Naturaleza, Historia, Dios”, para perderse después en los interminables vericuetos de la filosofía como ciencia. Ortega tocó el vórtice de lo real, de lo práctico, se nutrió de una frescura distinta, su legión de discípulos directos o indirectos integraron una poderosa corriente a su favor. Cómo no recordar a Marías, Laín, Entralgo, Aranguren, Gómez Arboleya o Tierno Galván, ellos quisieron filosofar, por eso entendían iluminar con la razón del sabio a la vida cotidiana, por eso fueron accesibles.
Decía Descartes, otro filósofo cuyo don fue la transparencia; que solo aquellos que tienen obscura la idea, revisten su expresión con un lenguaje incomprensible para suscitar la admiración de los que no los comprenden. El que está en claro, habla claro, por eso a veces otros lo juzgan superficial, la claridad escribió Ortega, es la cortesía del filósofo y no niega la existencia de los otros.
La vigencia de Ortega como la de Heidegger, mucho más duro y severo en su lenguaje, franquea el paso a los grandes espíritus. Ortega en cambio se basó en el tratamiento de los temas cotidianos. Henri Bergson dijo alguna vez del escritor español que no era un filósofo, si no “un periodista genial” ¿crítica o elogio? Un periodista “genial” debería de dar cuenta de lo cotidiano desde el ángulo de la sabiduría, cuál sería la diferencia con el filósofo “cortés”.
Se complacía en estos temas Ortega, que solía recordar por ejemplo, ésta cita de un filósofo alemán: “Señor, no sabe cuánta filosofía encierra una puesta de sol”. El mundo está lleno de filosofía, así vivió rico y generoso en ideas el maestro español, con esa cátedra arrancada a la naturaleza, al paisaje, a los viajes y a la diversidad.
Supo mantener a los hispanos del uno y del otro lado del atlántico, al tanto de lo que pasaba en el mundo moderno, un mundo en el cual, todavía Alemania llevaba delantera intelectual, pero supo hacerlo en castellano, reviviendo la lengua, al demostrar a través con un uso exquisito, los arcaísmos que se pueden hacer con el castellano, entre ellas la filosofía.
Hoy brilla por su ausencia y esto debería preocuparnos, ¿Dónde escribe el nuevo Ortega?, que yo sepa en ninguna parte, el silencio puede deberse a que España ya es otra, pertenece a la Unión Europea, su guerra civil fué página vuelta a la historia. Y ya se sabe, los grandes pensadores surgen como un contrapeso a las horas de angustia y confusión. Pero la ausencia de Ortega viene acompañada de otras ausencias, ¿Dónde está por ejemplo, el nuevo Heidegger, quienes son sus émulos en el Continente Americano? Llega la reflexión al punto de la angustia, el silencio evoca un viento invernal que crepita en una rama quebradiza. ¿En dónde estamos? ¿Es éste un mundo vertical, como un tronco muerto que se le escapa el alma, o será que estamos camino de ser una nueva provincia bajo el imperio Americano? Voy a incluir 2 hipótesis que me obligaron a recurrir a la lucidez de Ortega y Gasset para el caso de México, la primera una propuesta de la Dirigencia actual del nuevo Partido Acción Nacional expresada por diversos militantes: proponer un voto por familia. No hay experiencias al respecto, el Pan ha tenido desde su fundación integrantes de gran prestigio y aprobación, incluyendo a los ex presidentes Felipe Calderón y Vicente Fox. Actuaron en su momento obligados por las circunstancias y les fallaron sus colaboradores. Esta propuesta apunta al fracaso y retrocede por la falta de objetividad y por el beneficio del rol femenino. México debe ser la propuesta fundamental de la Democracia y el fin único de los partidos políticos.
Segunda Hipótesis: el hecho de tener el poder y las mayorías. Por la forma en que las dirigentes de Morena enfrentan a la oposición y a quienes consideran sus enemigos, no existe un acercamiento a la dignidad humana, ¿para qué sirvieron los perfiles al llegar a un puesto de la Administración Pública? ¿Por qué no esperar para juzgar y castigar al adversario? Nuestro sistema político ya está en llamas como diría ORTEGA Y GASSET “no hay caminos para la paz, la paz es el camino”.