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CARLOS ELIZONDO 12 jul 2026 - 10:43

Quienes vinieron al Mundial a la Ciudad de México aterrizaron en “la capital de la transformación”, según el gobierno capitalino. Entendieron de inmediato lo que eso significaba. Da vergüenza que el AICM sea la primera impresión de México. Por lo menos lo compensamos siendo unos grandes y alegres anfitriones.

En el sexenio pasado, algunos funcionarios protestaron porque heredaron un aeropuerto capitalino mal mantenido. AMLO, ante las recurrentes inundaciones de la T2, dijo en la mañanera del 27 de julio de 2022 que el AICM “estuvo mal hecho”. Era conocido que el AICM tenía muchos problemas, pero ya iba de salida. No se le mete dinero a una casa que se va a demoler. La T2 siempre fue vista como un parche temporal. AMLO lo hizo permanente.

Si hubieran continuado con el aeropuerto de Texcoco, habría sido una gran puerta de entrada a México. Pocos recordarían que lo inició Peña Nieto; AMLO y Sheinbaum pudieron haberse colgado las medallas, pero en el fondo AMLO no quería un aeropuerto que hiciera de México un país más competitivo y moderno. En su lugar tenemos un aeropuerto parchado para recibir a nuestros visitantes a un costo que rondó los 6 mil millones de pesos. Hubo mejoras: más espacio para circular a su interior y más módulos para la revisión del pasaporte. Pero sólo terminaron la primera etapa, y a medias; el resto quedó para después del Mundial.

Ni esta inversión, ni ninguna otra que se les ocurra hacer ahí, resuelve el problema de fondo: es un aeropuerto viejo e inseguro, limitado por un pésimo manejo del espacio aéreo por estar compartido con el AIFA. Alguien debería tener el valor de enfrentar este problema rescatando Texcoco. No será con un gobierno morenista.

Una mala llegada deja mal sabor a quien viajó horas para venir. Pero hay un costo mucho mayor: el logístico. El AICM es un cuello de botella para la conectividad del centro del país. En 2018 movía cerca de 48 millones de pasajeros; en 2025 movió poco más de 44 millones. En el mismo lapso, El Dorado de Bogotá pasó de unos 37 a 46 millones.

Con Texcoco, diseñado para transportar hasta 120 millones de pasajeros al año, hoy tendríamos capacidad para atraer vuelos directos de muchos más lugares del mundo y hacer de la capital un paso para muchos más viajeros. Esto hubiera generado decenas de miles de empleos formales y permanentes y no solo en la CDMX. La falta de crecimiento en los gobiernos morenistas obedece en buena medida a las malas decisiones que han tomado. Esta es una de las muchas que lo explican.

Una vez más, lo estatal no sirve para el beneficio colectivo. Es opaco a quién se le asignan los contratos, hay muchas historias de contratistas sin experiencia favorecidos por la administración. El aeropuerto es del Estado, pero tiene más publicidad que cualquier aeropuerto privado que conozco; hasta las columnas del área de registro de la T2 lucen anuncios promocionales. No aprovecharon la obra ni para hacer más baños, pues no dejan ingresos; un local, sí.

El usuario no recibe servicios por lo que pagó. Recauda unos 14 mil millones de pesos al año por la Tarifa de Uso de Aeropuerto (TUA), pero se van a un fideicomiso que paga los bonos del cancelado aeropuerto de Texcoco. El AICM sobrevive básicamente de las rentas de sus locales, servicios a las aerolíneas y estacionamientos: 5 mil millones de pesos generaron estos rubros en el 2022, el último dato que encontré. Todo es cada vez más opaco.

Es difícil explicarle a un visitante que llega a la CDMX por qué tenemos un aeropuerto tan chafa. ¿Cómo decirles que se estaba construyendo un aeropuerto de primera, amplio y funcional pero que el gobierno de AMLO lo canceló? Bueno, se le podrían repetir las palabras de la jefa de Gobierno de la “Capital de la Transformación”, Clara Brugada, al inaugurar el tren CDMX-AIFA: “Demostramos que no necesitábamos el faraónico aeropuerto de Texcoco”. Vaya que lo demostraron.

ÁTICO

Es difícil explicar a un visitante a la CDMX por qué el aeropuerto es tan chafa; Texcoco habría sido una gran puerta de entrada.

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