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OPINIÓN

La Filomena en Torreón: 100 años

Verdad amarga

ENRIQUE SADA SANDOVAL 6 mar 2026 - 08:54

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Con admiración, para Alejandro Ahumada.

Se entiende por patrimonio histórico-cultural el conjunto de bienes tangibles; como los monumentos, los templos y las plazas públicas, e intangibles como la música, las tradiciones, o la gastronomía; bienes heredados tras generaciones que definen la identidad de una comunidad, ciudad, región o país.

Torreón y la Comarca Lagunera son sitios que han hecho su propio acervo en lo que respecta a este tipo legado desde que despuntó su bonanza económica el cultivo del algodón y de la uva a partir de la herencia multicentenaria recibida de Parras y Viesca, al igual que por los esfuerzos de Leonardo Zuloaga en las márgenes del Río Nazas a partir de 1850, como asentara el Dr. Jesús Sotomayor Garza.

Pero no será sino hasta la llegada del Ferrocarril Central y el Internacional que Torreón nacerá como ciudad, cobrando ritmo y vida tan propia como vertiginosa debido a la afluencia de hombres y mujeres de otras regiones del país así como de varios países del mundo, atraídos por la prosperidad que el cultivo del "oro blanco" prometía para todos, como subrayara el Investigador Alejandro Ahumada Rodríguez en el marco de uno de sus más recientes hallazgos como es la letra original de La Filomena: canción al ritmo de fox-trot que terminó por convertirse en el Himno la Ciudad, hija legítima del porfiriato y gran acreedora de la Revolución Mexicana.

Las razones de esto último son poco conocidas pero no de menor importancia por su contexto histórico inmediato. Después de haber sufrido en carne propia Cuatro tomas revolucionarias, mismas que le han elevado al rango de Ciudad Cuatro Veces Heroica gracias a las gestiones del otrora Cronista Vitalicio, el Dr. Sergio Antonio Corona Páez, Torreón salía de la tristeza navideña y destrucción tras la toma villista de 1916.

Después vendría una etapa de reconstrucción económica y social en que sus habitantes tomarían la tarea de forjarse una mejor suerte, como lo habían venido haciendo desde la segunda mitad del siglo XIX, dando vuelta a la página en cuanto a intrusiones políticas y bélicas se refiere.

Tras cruzar el umbral de la década de los años veinte, la ciudad empezará a exigir dos cosas como propias: entretenimiento e información constantes. Será así como nacerá el Diario conocido inicialmente como El Siglo-que al poco tiempo se convertirá en El Siglo de Torreón-junto con grandes teatros y espectáculos de revista provenientes lo mismo de la capital mexicana que de la lejana Francia, a través del Bataclán que pronto habría de tropicalizarse para convertirse en Rataplán mexicano, donde ritmos como el jazz, el fox trot y el tango servirán para acompañar a las bellezas femeninas de cabellos cortos, escasa ropa y exotismo que en el caso de Torreón llevó a varias Compañías de Teatro Nacional a componer canciones y odas para celebrar el gran detonante económico que la Comarca Lagunera significaba.

Será en este contexto que un 4 de Marzo de 1926 tras la celebración de la Gran Convención Nacional Rotaria, que eligió a nuestra ciudad como sede que llegaría una Delegación encabezada por el candidato Roberto "Bob" Sada y el Ingeniero José Francisco Ortíz que, al bajar del Ferrocarril en que venían desde la frontera, trayendo su propia banda de jazz, entonarían La Filomena; canción de la autoría de Ruiz-Posadas y con letra de doble sentido, que por sus notas alegres terminaría por contagiar de animo a los torreonenses, siendo inmediatamente adaptada por José R. Mijares con nuevos estribillos que celebraban el auge del algodón, la bonanza económica y la fe en el progreso que solo el trabajo puede alcanzar, brindándole un sabor identitario que desde entonces llegaría para quedarse.

En un espíritu muy similar al de la República de Weimar en Alemania, después de la tragedia de la Primera Guerra Mundial y antes del ascenso del Nacionalsocialismo como tragedia mayor, los torreonses bailaron y cantaron La Filomena; después de la última toma villista y en el mismo año en que empezaría la feroz persecución antirreligiosa en México bajo el Callismo, convirtiéndose en parte de nuestro patrimonio histórico-cultural intangible desde entonces.

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