Alimentación natural y ejercicio constante son claves para reducir la grasa abdominal profunda.
No toda la grasa es igual, y la que no se ve puede ser la más peligrosa. Mientras muchas personas centran su atención en lo estético, existe un tipo de grasa que se instala silenciosamente en el abdomen y que tiene un impacto directo en la salud metabólica. Se trata de la grasa visceral, un tejido profundo que no solo modifica la silueta, sino que también influye en el funcionamiento interno del organismo.
La grasa visceral es el tejido adiposo que se acumula en la zona profunda del abdomen, rodeando órganos vitales como el hígado, los intestinos y el páncreas. A diferencia de la grasa subcutánea, la que se puede pellizcar, esta no siempre es evidente a simple vista, pero sí es altamente activa desde el punto de vista hormonal y metabólico.
Ignorar su presencia puede tener consecuencias importantes. Diversos estudios la relacionan con un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hipertensión, síndrome metabólico e inflamación crónica. Además, libera sustancias inflamatorias que alteran la regulación del azúcar en sangre y los niveles de colesterol, lo que incrementa el riesgo de complicaciones a largo plazo.
¿Cómo impacta en la salud?
La acumulación de grasa visceral no solo modifica la forma del abdomen, también altera procesos internos clave. Este tejido produce compuestos inflamatorios que interfieren en la acción de la insulina y favorecen la resistencia a esta hormona, un paso previo al desarrollo de diabetes tipo 2. También se vincula con niveles elevados de triglicéridos y presión arterial alta, factores que incrementan el riesgo cardiovascular.
Por ello, los especialistas coinciden en que medir únicamente el peso corporal no siempre es suficiente. La circunferencia de cintura y los hábitos diarios ofrecen pistas más claras sobre el riesgo metabólico que puede estar desarrollándose de manera silenciosa.
Hábitos para reducirla
La buena noticia es que sí es posible disminuir la grasa visceral, aunque no existen soluciones mágicas ni fórmulas exprés. El cuerpo pierde grasa de manera general, pero la visceral suele responder favorablemente cuando se adoptan cambios sostenidos en el estilo de vida. En cuanto a la alimentación, se recomienda priorizar alimentos frescos y naturales. Una dieta rica en verduras, frutas, legumbres, proteínas magras, grasas saludables como el aceite de oliva o el aguacate, y cereales integrales ayuda a mantener estables los niveles de insulina y favorece la reducción de grasa abdominal.
En contraste, el consumo frecuente de azúcares añadidos, harinas refinadas, bebidas azucaradas, alcohol en exceso y productos ultraprocesados estimula su acumulación.
El movimiento también es clave. La actividad aeróbica, como caminar a paso rápido, correr, nadar, bailar o andar en bicicleta, ha demostrado ser eficaz para reducir la grasa visceral. Complementar con entrenamiento de fuerza potencia los resultados, ya que el aumento de masa muscular acelera el metabolismo y mejora la composición corporal.
¿Sabías que...?
La grasa visceral es metabólicamente activa, libera sustancias inflamatorias y hormonas que pueden alterar la acción de la insulina, incluso aunque la persona no tenga un sobrepeso evidente.


