La imposición en la UJED alcanza al Ceneval
La Universidad Juárez del Estado de Durango vuelve a estar bajo el escrutinio público. La administración encabezada por Ramón García Rivera nació en medio de una elección profundamente controvertida, marcada por la exclusión de competidores, denuncias de intervención política y acusaciones sobre un proceso que fue diseñado para imponerlo como rector. Desde entonces, los cuestionamientos no han dejado de acompañar a la máxima casa de estudios.
Ya instalado en el cargo, Ramón García no ha logrado desmarcarse de la polémica. A las críticas por presuntas intervenciones en procesos estudiantiles y por los señalamientos surgidos durante la elección de la FEUD, se sumaron las dificultades financieras heredadas por administraciones anteriores. Aunque su gestión presume avances en el saneamiento de las finanzas, la percepción de opacidad continúa apareciendo cada vez que surge un nuevo conflicto.
El más reciente tiene que ver con el proceso de admisión. Miles de aspirantes y sus familias cuestionan la falta de transparencia con la que fueron publicados los resultados del Ceneval. La inconformidad no nace únicamente del rechazo, sino de la ausencia de información verificable.
Los estudiantes solo pudieron conocer si fueron admitidos o no, sin acceso a calificaciones, puntajes o mecanismos efectivos para solicitar una revisión de sus exámenes.
La molestia aumentó porque entre los rechazados aparecen alumnos egresados de preparatorias de la propia UJED con promedios sobresalientes, integrantes de cuadros de honor y deportistas destacados. Paralelamente, comenzaron a circular versiones sobre el ingreso de aspirantes con menores antecedentes académicos y presuntas recomendaciones políticas, alimentando nuevamente las sospechas de discrecionalidad.
Lo más delicado es que el propio Reglamento de la Dirección de Servicios Escolares establece, en su artículo 23, que la Comisión de Admisión tiene la facultad de resolver casos de excepción tratándose de estudiantes sobresalientes egresados de las escuelas de nivel medio superior de la propia Universidad. Si esos supuestos fueron ignorados, corresponde a la propia Rectoría explicar con absoluta claridad bajo qué criterios actuó la comisión.
A ello se suma otro elemento que incrementa la desconfianza. Dentro de la Universidad circula la versión de que el titular de Servicios Escolares habría renunciado semanas antes del proceso por negarse a convalidar decisiones que consideraba irregulares. Hasta ahora no existe una explicación oficial que confirme o desmienta ese rumor.
Apenas se publicaron los resultados de admisión, la UJED anunció el proceso de ingreso al semestre cero, con cuotas de entre 3 y 4 mil pesos. La intención es incorporar a mil aspirantes en cada una de las cuatro facultades con mayor demanda -Medicina, FADER y CIPOL, FECA y Odontología-, además del resto de las escuelas. De ser así, estaríamos frente a un negocio multimillonario, sobre todo porque al finalizar el semestre solo alrededor de 200 alumnos por facultad obtendrán un lugar definitivo.
La UJED debería ser el principal referente de mérito, igualdad de oportunidades y legalidad en Durango. Quienes obtuvieron los mejores resultados sienten que el esfuerzo dejó de ser suficiente para acceder a sus aulas. El problema, sin embargo, radica en la desaseada llegada del actual Rector y en su gris gestión al frente de la máxima casa de estudios.
La ausencia de Omar García Harfuch en Durango terminó diciendo más que cualquier discurso. Hace apenas dos semanas, el propio gobernador Esteban Villegas planteó que invitaría al funcionario federal y que su visita serviría para desmentir las versiones sobre un supuesto distanciamiento entre ambos. El encuentro nunca ocurrió.
Más allá de las razones de agenda que pudieran existir, lo cierto es que el mensaje político quedó incompleto. En un momento en que la presencia de las fuerzas federales domina la agenda de seguridad en el estado, la imagen de coordinación que el mandatario buscaba proyectar simplemente no se materializó, dejando intactos los cuestionamientos que pretendía disipar.
EN LA BALANZA.– La ausencia de Omar García Harfuch en Durango terminó diciendo más que cualquier discurso. Hace apenas dos semanas, el propio gobernador Esteban Villegas planteó que invitaría al funcionario federal y que su visita serviría para desmentir las versiones sobre un supuesto distanciamiento entre ambos. El encuentro nunca ocurrió. Más allá de las razones de agenda que pudieran existir, lo cierto es que el mensaje político quedó incompleto. En un momento en que la presencia de las fuerzas federales domina la agenda de seguridad en el estado, la imagen de coordinación que el mandatario buscaba proyectar simplemente no se materializó, dejando intactos los cuestionamientos que pretendía disipar.
X: @Vic_Montenegro