La mentira
Esta palabra es engañosa, así es su esencia, pues se trata de una afirmación o declaración que se opone a lo que se sabe, se cree o se piensa, y que se hace con la intención de ocultar la verdad.
A lo largo de los siglos, los filósofos han distinguido dos tipos de verdad: la gnoseológica y la moral. La primera es la conformidad de la mente con la realidad; la segunda, la igualación del discurso con la mente. Cuando nos referimos a verdades gnoseológicas, tenemos como contrario a la falsedad, y si hablamos de ética, entonces su antípoda es la mentira.
La mentira se da en muy diversas formas, como el ocultamiento de la verdad, la exposición parcial de lo real, un sesgo que elude la verdad en el discurso, o simple y llanamente la declaración franca de lo falso, situación tan burda que los mendaces eluden para hacer creer sus mentiras.
Por lo común, mentir se refiere a la propia acción de expresar una falsedad para engañar, inventar o exagerar una situación.
Filósofos y moralistas han debatido a lo largo del tiempo la licitud de mentir por alguna razón presuntamente válida, lo que indicaría un pragmatismo a ultranza. Así, Platón afirma que al gobernante le es lícito mentir cuando sirve para mantener el orden social y promover el bien común. A su vez, Maquiavelo sugiere que el gobernante debe estar dispuesto a mentir si es necesario para conservar el poder y proteger al Estado. El utilitarista John Stuart Mill justifica la mentira si produce más felicidad que decir la verdad. Por el contrario, Aristóteles y San Agustín, entre otros, defienden que la verdad debe prevalecer sobre la mentira, y si una verdad provoca algún daño, es mejor callar que mentir, y Kant se opone radicalmente a la mentira, incluso en casos extremos, por considerarla una violación a la dignidad humana.
La ficción no es una mentira propiamente dicha, pues se trata más bien de decir verdades a través de metáforas de la realidad, lo que redunda en una asimilación de la verdad de manera más eficiente. El mito de Santoclós en los niños es una hermosa ficción que les aumenta la felicidad a través de relatos llenos de fantasía.
Hay mentiras creativas; la frase "la literatura de ficción es la verdad sospechosa" se atribuye a Alfonso Reyes, destacado escritor, ensayista y diplomático mexicano. En uno de sus epígrafes, Reyes define la literatura como "una mentira práctica, una verdad psicológica" que puede revelar verdades profundas sobre la condición humana, las emociones y la sociedad.
Conocemos a la mentira piadosa como una afirmación mendaz que tiene la intención de evitar causar un disgusto, pena o dolor a otra persona. Este tipo de mentiras pudo haber sido tomado como lícito por Platón y Stuart Mill. Aristóteles, San Agustín tal vez lo hubieran tolerado en algunos casos; en cambio, Kant lo tendría por ilícito.
Las medias verdades y las posverdades se dan en el campo de la política principalmente. Los populistas manipulan la verdad para conseguir que las creencias y las emociones influyan en la opinión pública en lugar de los hechos objetivos y las verdades verificables. Ahí los argumentos emocionales tienen más peso que los hechos concretos. Las distorsiones han ganado relevancia en la era digital debido a la rápida propagación de desinformación a través de las redes sociales. La manipulación es posible porque los sentimientos y las creencias personales son más influyentes en nuestras reacciones que los argumentos basados en evidencias. Quienes intencionalmente manipulan la información para construir una posverdad influyen eficazmente en la opinión pública y moldean la conducta de las masas, que prefieren vivir en la comodidad de los que no piensan porque tienen quien lo haga por ellos.
En estos casos, se difumina la frontera entre la verdad y la mentira, y una invención puede ser aceptada simplemente porque encaja en un conjunto de creencias preexistentes. La objetividad pierde relevancia ante la fuerza de las emociones y la creencia personal, y lleva a las masas a una renuncia al juicio crítico. El populismo se refiere siempre al convencimiento de una gran parte de la población, a la que, en el presente caso, denominamos masa porque es informe en su pensamiento y en su orientación política.