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La muerte de Óscar Alvarado y el negocio de la 'verdad'

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La muerte de Óscar Alvarado y el negocio de la 'verdad'

VÍCTOR MONTENEGRO 9 feb 2026 - 04:03

La muerte de Óscar Alvarado no solo apagó una voz joven del regional mexicano duranguense; encendió, una vez más, la desconfianza social hacia las autoridades y exhibió una crisis más profunda: la del manejo de la información, la credibilidad institucional y el papel de una prensa cada vez más subordinada al poder.

Óscar era un artista en ascenso, cercano a su gente, activo en redes sociales, con proyectos que iban más allá de la música. Su figura representaba a una generación que encontró en su talento una forma de construir comunidad. Por eso, su muerte no quedó en la nota roja, sino en un clamor por justicia que aún no tiene respuesta.

El ataque armado que terminó con su vida ocurrió en un contexto que desde el inicio fue turbio. Una riña, un funcionario de la Secretaría de Seguridad Pública involucrado, versiones oficiales que se apresuraron a deslindar responsabilidades y una investigación que, a más de una veintena de días, es hora que no arroja detenidos.

El padre del cantante lo dijo con crudeza: días de agonía y cero resultados. Ese es el dato que cala hondo. Y es que la indignación no surge por el solo hecho, sino por el repetido patrón que exhibe lentitud en avance de expedientes cuando hay servidores públicos involucrados; cuando hay narrativas que acomodan las autoridades para informar poco y hacerlo tarde.

La sensación de impunidad no se construye sola; se alimenta con cada silencio, con cada omisión, con cada "ya se investiga" que no termina en nada. Agregue usted la declaración del gobernador Esteban Villegas, quien habló del cantante no solo como víctima, sino como alguien cercano, casi familiar. Pues ni ese vínculo, le da tranquilidad a los deudos.

Sin embargo, otro componente alarmante está más allá de la desorientada investigación, pues en torno al caso, la forma en que buena parte de la prensa destacó - como nota relevante- la corona fúnebre enviada por el gobernador, en vez del reclamo de la familia por justicia, desnudó a un periodismo acotado a seguir sus principios.

Esa prensa tampoco cuestionó al gobernador sobre el discurso oficial orientado a deslindar al funcionario público involucrado, sustentando la duda en los casos anteriores en que, la Secretaría de Seguridad Pública, ha retorcido las versiones para proteger a los agentes que han incurrido en faltas administrativas y hasta en delitos.

Pese a que el mandatario sostuvo que hay videos de prueba, en los que no se observa que el funcionario haya disparado al cantante, ningún reportero mostró intuición para preguntar quién más aparece en esas imágenes y, entonces, si se tiene cuando menos ya identificado a quien habría accionado el arma.

La muerte de Óscar Alvarado, exaspera el enojo por la violencia y una autoridad rebasada por la desconfianza. Pero, sobre todo, muestra el hartazgo de una sociedad defraudada por una prensa que olvida su responsabilidad social, y el deber de no adornar al poder sino de cuestionarlo y vigilarlo. Por eso, sin aludir a todos y al que le mida el chaleco, reitero: en Durango, se venden más periodistas que periódicos.

EN LA BALANZA.- La regidora Brenda Pacheco habla de ajustes y de "realidades económicas", pero no conoce la tarifa del transporte público, evidenciando su total desconexión con la vida cotidiana de las familias, y eso que -como edil- representa a la CTM. Esa ligereza es parte de una clase política que decide desde la comodidad, que no usa el servicio que pretende encarecer y que, cobijada por apellidos y estructuras sindicales, levanta la mano para autorizar incrementos sin dimensionar el impacto social. El problema no es solo el aumento, es quién lo avala y desde qué nivel de ignorancia.

X: @Vic_Montenegro

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