La propuesta electoral
Aún no conocemos realmente la propuesta de reforma electoral de la presidenta Sheinbaum. Conocemos unas cuantas láminas de powerpoint y un par de discursos. El texto concreto de la iniciativa permanece oculto. Pero lo que conocemos por esas diapositivas y las explicaciones oficiales nos permiten conocer las intenciones presidenciales: modificar el mecanismo de representación en ambas cámaras, abaratar las elecciones, dar nuevos poderes a los órganos electorales para restringir lo que los electores pueden ver, oír, leer. Se trata de una reforma compleja que tiene, a diferencia de la reforma judicial, sus claroscuros. Hay propuestas razonables, otras preocupantes. No suponen un cambio de régimen, sino un ajuste de régimen. Una reforma dentro del autoritarismo que continúa el debilitamiento de las instituciones arbitrales, que refuerza el paternalismo electoral y que impulsa la sobrerrepresentación del partido hegemónico en el Senado.
No es mala idea ensayar otras formas de representación proporcional. Los responsables del desastre electoral del PAN y del PRI ocupan cómodamente sus asientos en el Senado. Sus partidos fueron barridos en la elección del 24, pero ellos no sufrieron castigo alguno. Por el contrario, recibieron un premio que pueden saborear durante seis años. Para ellos la derrota no tiene consecuencias. Los responsables del fracaso no reciben del régimen electoral un castigo, sino, por el contrario, una recompensa. Su conducción fue tan desastrosa que sus bancadas son incapaces de detener la aplanadora gubernamental. Ni juntos alcanzan los votos para iniciar una acción de inconstitucionalidad ante la Corte, pero ellos, responsables directos del hundimiento, reciben el premio de una senaduría. La ley les ofrece una retribución si ocupan una posición privilegiada en las listas que ellos mismos forman.