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La riqueza de las naciones 1776-2026

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La riqueza de las naciones 1776-2026

ESTEBAN G. ROSAS 11 mar 2026 - 04:03

Este mes el día 9, se cumplieron 250 años de la publicación del famoso libro "The wealth of nations" (La riqueza de las naciones), escrito por Adam Smith, un escocés que con sus ideas cambió la manera de ver la economía mundial. Para quienes les interesa y gustamos de leer algo de economía, nos vendría bien consultar algunas partes del libro. Es un tratado de mil páginas y creo, solo creo, que muy pocos lo han leído de principio a fin, y comprendido sus consejos. Yo aún no acabo de leerlo, pero ya voy en la página 100 (falta mucho). Ahí disculpen, pero es un tema que cualquier columna periodística económica que presuma de serlo debe comentar esta histórica fecha, al menos un poquito. Esta no es la excepción.

Adam Smith en su libro, según Jason Furman del New York Times, básicamente proponía, en aquel entonces, ideas radicales que indicaban cómo la gente ordinaria, que lleva vidas ordinarias -como muchos de nosotros- podemos generar sociedades más ricas, más justas y libres, si instituciones poderosas, como los gobiernos, partidos políticos y grandes empresas, no se interponen en el camino.

Contra las afirmaciones de que ese libro era la base del actual neoliberalismo, Smith pedía que no se juzgara una nacion por las fortunas de sus reyes o la nobleza, pero en "sí la nación proveeía a sus habitantes con todas las necesidades y conveniencias de la vida".

Insistió en que la prosperidad debería ser compartida; "ninguna sociedad puede ser próspera y feliz, cuando la mayor parte de su población vive en la pobreza". Conceptos nada neoliberales.

Continúan sus argumentos indicando que todas las fallas de las economías se corrigen con la intervención de la "mano invisible" del libre comercio, esa mano que hace converger la oferta y la demanda de bienes y servicios.

Pues esa mano invisible hoy, no tan invisible, tiene nombre, apellido y color; es la mano de Mr. Donald J. Trump, quien desde hace tiempo ajusta los mercados, los continentes y hasta los partidos de futbol, según el ánimo que le proporciona su tarjeta de golf que marcó en su ronda del día anterior.

Todos deseamos, y algunos hasta rezamos, que tire debajo de "par de campo", y nos sorprenda con algo qué celebrar. Ayer, simplemente, dijo que "la guerra contra Irán ya estaba por concluir".

Los mercados reacionaron de inmediato y subieron su desempeño: el oro bajó en su cotización y los precios del petróleo, que habían llegado a superar la barrera de los 100 dólares por barril, bajaron hasta cerrar en 90 dólares por barril el WTI y 83 USD/barril la mezcla mexicana. Nadie sabe si esa afirmación tiene alguna base o viene de alguna información de su Departamento de Guerra, pero, como a muchos, la incontinencia verbal nos hace decir cosas de las que después nos arrepentimos.

En México, ya no tan callados, respondemos a los argumentos de Mr. Trump y sus amenazas de intervenir unilateralmente, en donde sea, para acabar con el crimen que agobia al continente, redoblando los esfuerzos en seguridad ,con resultados que apoyan a cambiar la percepción de miedo que tenemos de vivir en ciertas partes del país, en especial, en las sedes del próximo Mundial que inicia en junio.

Las reacciones y la continuidad de estas políticas abonan a la competitividad, nos proporcionan otra palanca para enfrentar las negociaciones en curso del T-MEC y nos posicionan como alternativa en el movimiento de relocalización industrial, el "nearshoring 2.0". Falta mucho por hacer , pero ese es el camino.

La situación que vivimos sugiere: 1.- No pegarle patadas al pesebre (88% de nuestras exportaciones y la dependencia del 70% del gas natural a cualquier precio lo agradecerán); 2.- Elegir bien a nuestro equipo de trabajo en el continente (¿Cuba? ¿Nicaragua? ¿Venezuela? ¡Por Dios!); 3.- Estudiar bien de verdad; lean Adam Smith, para que nuestras autoridades promulguen políticas públicas que generen un intachable estado de derecho (con esta última sí viene Cristiano Ronaldo a jugar al Azteca; perdón, El estadio Banorte. Si no... viene el Chupiro).

Ánimo.

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