La sensatez
La palabra sensatez implica el sustantivo latino Sensus, vocablo de riquísimos matices que designa la capacidad de percepción sensorial e intelectual, el buen criterio para distinguir lo percibido, el buen juicio, el llamado sentido común, la opinión e idea formada correctamente con arreglo a la percepción obtenida. Sensus también nos connota seso, y si decimos que alguien tiene seso, significamos que no solo piensa de manera correcta y con claridad, sino que además es sensible y capaz de amoldarse a distintas situaciones.
El sensato es la persona que equilibra los aspectos de su comportamiento, como ideas y sentimientos; además distingue entre aspiraciones genuinas y simples caprichos, entre anhelos profundos y antojos pasajeros. La sensatez está íntimamente ligada a la prudencia, una cualidad que florece de la serenidad y la previsión. A diferencia de lo que se podría pensar, la sensatez no es exclusiva de las personas mayores, se manifiesta de forma diferente en cada etapa de la vida. Un acto que podría ser visto como imprudente en un adulto, podría ser una muestra de sensatez en un adolescente que está explorando sus posibilidades.
La sensatez busca el equilibrio entre decir y hacer, entre pensar y actuar, entre realismo y utopía, entre lamento y alegría, procura la armonía entre seriedad y buen humor, entre trabajo y descanso, entre soledad deseada y relación amistosa. La sensatez es el antídoto contra una vida fragmentada, dispersa y sin coherencia, es la fuerza que nos ancla y el pilar sobre el que se sostienen todas nuestras decisiones correctas.
Como sucede con todas las virtudes humanas y los valores, no se trata de una técnica que se aprende con la práctica, como sucede con la técnica quirúrgica, la de ejecución del piano, o la del francotirador. La sensatez es parte de la sabiduría y para alcanzarla se requiere la suficiente disciplina para llegar a una mística que impregne todos los aspectos de nuestra vida, la mística que incluye cierto misterio porque las razones de nuestra actuación están de alguna manera ocultas bajo nuestras convicciones.
La sensatez no es congénita, se conquista, es más bien un logro de toda una vida dedicada al discernimiento entre lo correcto y lo incorrecto en todos los campos de la vida. En cualquier nivel social o económico podemos encontrar personas sensatas lo mismo que insensatas, porque esto no depende de la posición social ni de la cantidad de dinero que percibe la persona, sino del ejercicio continuo de las elecciones correctas.
Los expertos en lenguaje vinculan este vocablo con la raíz indoeuropea Sent, que significa tomar una dirección después de haberse orientado, y esta interpretación es muy certera, pues el hombre sensato es alguien que ha decidido ir al mejor lugar de una óptima manera después de haber considerado las diferentes opciones con relación al lugar y a la ruta que seguiría. Es obvio que no hablamos solamente de un camino ordinario, sino de la constante elección de una ruta vital acertada.
La sensatez se relaciona con la capacidad de entender y juzgar de forma razonable situaciones cotidianas, mediante conocimientos y experiencias adquiridas para tomar decisiones prácticas y lógicas; se basa en la intuición y la sabiduría. Toda decisión o propuesta sensata tiene como principio un correcto razonamiento y una consideración realista del mundo que rodea al sujeto sensato para que anticipe consecuencias y actúe de manera razonable en todo tipo de situaciones, pero sobre todo, en escenarios difíciles o críticos.
El temerario no necesariamente es insensato, aunque a veces se confunde. El temerario actúa con audacia, incluso con desprecio por el peligro al que reta, mientras que el insensato carece de juicio. La diferencia está en la intención y en la conciencia del riesgo. Don Quijote es temerario por enfrentarse a los molinos de viento, y tal vez además sea insensato por creer que son gigantes; sin embargo, su locura tiene una narrativa poética que lo redime, porque su aparente insensatez nos enseña a ver la realidad con una perspectiva que, para otros, puede parecer grotesca, pero que para él es sublime.
Cuando alguien cumple años, los demás le deseamos que la vida le dé muchos más, y recientemente he escuchado que al deseo se añade otro muy sensato: que también le otorgue sensatez para vivirlos.