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LETRAS DURANGUEÑAS

Las campanas doblan por un amigo

Las campanas doblan por un amigo

ARMANDO BLANCARTE VILLARREAL 19 ene 2026 - 04:04

Algo me inquietaba; iniciaba el año y hacía un recuento de lo que había hecho, y lo que dejé de hacer en 2025, sobre todo lo que yo consideraba importante; una cosa pendiente era buscar a mi gran amigo, maestro y compañero de literatura el Dr. Francisco Javier Guerrero Gómez, a quien había visto muy poco los últimos meses, y eso, en los eventos literarios donde nos encontramos brevemente. Sin saber que estaba delicado de salud le llamé y me recibió en su casa. Lo noté pálido, débil, pero alerta y muy alegre, como siempre. Su hijo Juan, lo auxiliaba en sus movimientos. Le llevé un texto que me pareció apropiado para la ocasión, titulado: "El Reencuentro", y también le di mi último libro publicado, "Colibríes de Invierno". Me pidió que se los dedicara; lo hice con gusto. Le dije que por las enseñanzas que había recibido de él, ese libro, y todos mis escritos también eran obra suya. El texto "El reencuentro", trata de cuatro amigos que después de cuarenta años se vuelven a encontrar, y entre recuerdos alegres y nostalgias se descubre una filosofía de vida que envuelve el pasado, el tránsito por la vida hasta el presente. La senda creada por nuestros pasos, el camino que quedó atrás, la hechura de nuestras huellas. "Caminante no hay camino, se hace camino al andar, caminante no hay camino y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca has de volver a pisar, caminante no hay camino sino estelas en la mar", nos canta Serrat. Le comenté que el mi relato contenía una idea que él mantenía: "El escritor, que se jacte de serlo debería escribir todos lo géneros: Poesía, cuento, novela, crónica literaria, ensayo, y demás". Y, pues yo fiel a esa afirmación, lo había incluido todo en un solo escrito -y era verdad-, le dije bromeando. Comenté que creía que este escrito estaba hecho para cualquier grupo de amigos, y que, tal vez él mismo pudiera encontrar ahí cosas afines a su propia cosmovisión.

Mi noble amigo por todos estimado, siempre traías contigo el dulce eco de tu natal, Fresnillo, Zacatecas que te otorgó "La Flor de Plata de los juegos Florales", uno de los premios más significativos para ti, entre otros premios recibidos en Durango como por la novela "Aserradero", ganadora del certamen: Novela Corta Antonio Estrada; y por supuesto una prolífica obra publicada que incluye cuento, poemarios, etc.

También amó entrañablemente a Durango, "Mi segunda tierra", como le llamaba. Viene a mi memoria cuando le publicaron la breve novela "La Campana de Analco"; entonces la estuvimos comentando y evocamos la frase famosa del poeta inglés John Donne: "Nunca preguntes por quién doblan las campanas, doblan por ti", concluimos que significa que todos estamos conectados entre sí, y que todos tendremos el mismo fin. Hoy, las campanas de Analco doblan con solemnidad por él, en un triste homenaje, pero también repican alegres, porque el Dr. Guerrero les dio vida en sus letras, la misma vida que prevalece en quienes -sumamos muchos- disfrutamos de su presencia de su amor a la vida que nos transmitió, fresco, manifiesto.

Maestro, siempre llevo a flor de piel esa frase muy tuya que te identificaba: "La vida es poesía". Estoy cierto que tú, hiciste de tu vida un poema. Me quedo con ese gran valor ficcional y real del espíritu, en tu honor, mi querido amigo. Hasta siempre.

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