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OPINIÓN

Las posibilidades aún por aprovechar

Las posibilidades aún por aprovechar

JULIO FAESLER 25 jul 2026 - 07:56

El comercio exterior ha llegado a ser el factor prominente, aunque no necesariamente decisivo de nuestro desarrollo económico y social nacional. El que una más de la mitad de nuestra economía, a las actividades de exportación o importación, se transforme en divisas, hace del comercio exterior una fuerza importante en el sostenimiento y crecimiento de la vida económica total. Se ha cumplido el propósito que hace años tuvimos de hacer crecer las exportaciones como un elemento fundamental de nuestro producto nacional.

Era necesario. La actividad productora del país limitada a la capacidad de consumo nacional, no bastaba para ocupar el potencial laboral. La desocupación era tal que, en cierto momento, hubo quien observara que la salida de mano de obra de braceros no hacía mella en el nivel de la producción real del país.

Promover el empleo de ese sobrante laboral era la clave para romper el círculo vicioso del subdesarrollo en que nos encontrábamos. Era el eje que rompía, aquí y en todo el mundo, el techo del atraso social.

Reaccionado a ese reto, los esfuerzos que se desplegaron en México a partir de los años setenta por crear una conciencia exportadora y los apoyos fiscales y administrativos que para ello se implementaron tuvieron éxito.

Con la activa promoción de exportaciones realizada por el gobierno y empresarios, complementada con la actividad de consejeros comerciales asignados por todo el mundo, aumentaron las ventas al exterior al lado de racionalizar las importaciones. El carácter exportador del país se asentó con la entrada al GATT en 1985.

La evolución del comercio exterior mexicano ha intentado abrirse pasos con la firma de acuerdos bilaterales convencionales cuya importancia quedó arrollada, primero por el TLCAN, y luego, por el actual T-MEC que absorbieron el 85% de nuestra exportación.

La diversificación de nuestro comercio exterior se ha visto totalmente marginado con la definitiva absorción de nuestros intercambios por el mercado de Estados Unidos que implica una irrefutable realidad vía el comercio exterior que ya formamos parte de la maquinaria económica de Estados Unidos y, por lo tanto, de su estructura agroindustrial y de servicios.

Nuestra situación indica hechos que están a la vista.

Nuestro desarrollo económico y social general no se ha completado. Las estadísticas se presentan como si retrataran la realidad cuando ellas mismas sólo describen una porción, quizás ni la mitad, de la vida socioeconómica del país.

Los datos del INEGI, muestran que más de la mitad de la fuerza laboral está fuera del sistema de la producción formal por lo que no participa del éxito que se supone hemos alcanzado en materia de desarrollo general. Su aportación al progreso económico general es inferior a la que realiza el sector formal de la economía.

La capacidad productiva de la economía está, pues, lejos de haberse agotado. Es claro que falta poner a trabajar a la mitad del potencial pendiente que, gracias a los adelantos técnicos y administrativos, encierra perspectivas de completar la corriente de producción de bienes y servicios para los que hay una ilimitada demanda nacional y extranjera.

Con usar dicha mitad de la fuerza laboral actualmente subutilizada, podríamos producir los artículos y servicios con lo cual se extenderían los ingresos de exportación y constituirían atractivos para ampliar las inversiones que urgentemente necesitamos. Estamos lejos de haber llegado al máximo de nuestros horizontes de posibilidades para expandir los avances en todos los órdenes.

El poner a producir lo que falta para aprovechar el potencial pendiente, serviría para darnos independencia y fortalecer nuestra preeminencia en otros mercados, especialmente como los de Centro y Sudamérica.

También servirían para completar una oferta a los Estados Unidos y dedicarla con nuevos productos y servicios a mercados nuevos aún no explorados y aprovechados.

Como hace cincuenta años estamos en la necesidad de impulsar hacia una nueva etapa histórica socioeconómica cabalmente integrada y compartida. La fase de revisión del T-MEC en que nos encontramos no debe ser desperdiciada. El enemigo más temible es contentarnos con las incertidumbres que aquejan el momento actual y el temor a buscar por vías distintas la verdadera independencia socioeconómica y política del país.

juliofelipefaesler@yahoo.com

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