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Los estilos imperiales (II)

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Los estilos imperiales (II)

LORENZO MEYER 28 sep 2026 - 08:36

Tras la derrota del régimen nazi, Austria fue ocupada por los aliados pero diez años más tarde pudo negociar la recuperación de su esencia como Estado soberano, pero a condición de formalizar su compromiso de no unirse a la OTAN (aunque si a la Unión Europea) y mantener una neutralidad militar a cambio de recuperar la libertad de decidir autónomamente su régimen interior y hoy Austria este integrada económica y política con Europa Occidental pero no militarmente.

Desde la perspectiva de Mearsheimer y de Sachs, Ucrania es un país que por su frontera con Rusia, el Kremlin considera que debería quedar claramente dentro de la esfera natural de influencia y de seguridad de Rusia. Sin embargo, poco a poco la OTAN y quien le domina o dominaba entonces -Estados Unidos- se propusieron intervenir en sus procesos internos para llevar al poder a un gobierno anti ruso y para terminar por ser parte activa de la OTAN, una alianza militar básicamente antirrusa.

Para Estados Unidos, Ucrania no es un país cualquiera sino uno particularmente estratégico. En 1997, Zbigniew Brzezinski, un teórico muy influyente en el diseño de esa política en Washington, publicó The Grand Chessboard: American Primacy and Its Geostrategic Imperatives. En ese libro, Brzezinski propuso que Washington debería proponerse convertir a Ucrania en lo que definió como un “estado pivote” de Occidente, es decir convertir a Ucrania como un país que en sí mismo era irrelevante para Estados Unidos pero que debido a su posición geoestratégica podría ser transformado en un estupendo instrumento para promover políticas y acciones que debilitaran aún más a una Rusia que ya había dejado de ser la gran potencia que había sido la URSS, dividirla y eliminarla definitivamente como competidora de Estados Unidos. Pues bien, Zbigniew Brezezinski ya murió, pero su propuesta fue puesta en marcha y sigue vigente, quizá con menos entusiasmo por parte de Washington, pero sí de Berlín, Londres o París, aunque cada vez pareciera tener menos posibilidades de materializarse y en cambio Ucrania cada vez más parece un Estado inviable.

Quizá a Ucrania misma le hubiera convenido seguir el camino de Georgia y no el que le marcó Brzezinski. Como se recordará, en 2004 el presidente de Georgia -otro está fronterizo con RusiaMijaíl Saakashvil se propuso acabar con los movimientos prorrusos en dos provincias: Osetia del Sur y Abjasia, y negociar su ingreso a la OTAN para protegerse de Moscú. El proyecto se vino abajo tras una invasión rusa en 2008 para apoyar a los rebeldes y transformar sus territorios en estados independientes respaldados por tropas rusas. Finalmente, aunque Georgia dice que mantiene su aspiración a ingresar a la OTAN en la práctica esa posibilidad ya desapareció y el Kremlin ya no ve a Georgia como una amenaza para la seguridad rusa. En este caso y en el de Austria, lo propuesto por Sachs puede funcionar: un país en la zona de seguridad de una gran potencia puede salvaguardar su soberanía interna a condición de no jugar el papel de “país pivote” de los rivales de esa potencia.

Mearsheimer y Sachs por la vía de dos conceptos diferentes pero emparentados –“zonas de influencia” en el primer caso y “zonas de seguridad” en el segundo-, llegan a un punto de acuerdo: Rusia perdió su estatus de gran potencia hegemónica de la Europa del Este al desaparecer la URSS en 1991 pero sigue siendo una potencia nuclear y perdería mucho de la seguridad que conserva más si dejara que Ucrania se convirtiera en el “estado pivote” de Occidente que vislumbrara Brzezinski.

¿Y cómo concluir esta columna desde México? Para Estados Unidos y para el mundo nuestro país está en una de las zonas definidas por los conceptos de Mearsheimer y Sachs. Imposible evitar el que Estados Unidos no nos considere como “zona de seguridad” pero dirigentes y sociedad en México debemos esforzarnos por no permitir que se nos considere como una “zona de influencia”de Washington como es hoy el caso de Venezuela, donde las políticas y procesos internos son determinados o condicionados por Washington. La presidenta Sheinbaum debe tener todo nuestro respaldo para mantener el máximo espacio posible para el ejercicio de nuestra soberanía interna no obstante la natural dureza de la política entre naciones.

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