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LETRAS DURANGUEÑAS

Los manuscritos de 'La suave Patria'

Los manuscritos de 'La suave Patria'

ÓSCAR JIMÉNEZ LUNA 6 sep 2026 - 15:35

En un país de buenos poetas, “La suave Patria”, del escritor zacatecano Ramón López Velarde, es una de las piezas más representativas de las letras mexicanas. Una obra maestra, se dice con toda razón. Cada septiembre sus versos reverdecen. Y volvemos a oír la voz del ilustre vate de Jerez. No faltan los maestros sensibles y comprometidos con su vocación que hacen sonar esas estrofas en las aulas de primaria.

Los manuscritos del poema –las famosas hojitas– los resguarda la Academia Mexicana de la Lengua desde décadas atrás. Y es en el año de 2021, en recuerdo de la primera vez que apareció “La suave Patria”, y asimismo en el centenario luctuoso de López Velarde (1888-1921), cuando la institución publicó el facsímil del célebre poema. Se rescató de esta manera un verdadero tesoro documental.

En el volumen de referencia se incluyen, por cierto, varios textos de entendidos en el tema, si bien es cierto que se pudieron tomar en cuenta algunos testimonios críticos más centrados en el poema rememorado (entiendo que el criterio de la selección fue darle su lugar principalmente a miembros de la Academia).

Llama la atención la escritura del poeta, que nos trae a la memoria las cartas de nuestros abuelos. Letra pegada –como se decía antes–, y dibujada más bien, palabras llenas de nostalgia. Como los niños, López Velarde inclina sus renglones hacia abajo, mientras se despliega la belleza de sus imágenes: “Patria: tu superficie es el maíz, / tus minas el palacio del Rey de Oros, / y tu cielo, las garzas en desliz / y el relámpago verde de los loros.”. Todo el país en cuatro versos. “Suave Patria: tu casa todavía es tan grande, que el tren va por la vía como aguinaldo de juguetería”. Y la suerte echada, invariable: “Como la sota moza, Patria mía, / en piso de metal, vives al día, / de milagro, como la lotería”. Un poema para siempre.

Vale la pena entonces, a manera de cierre, compartir algo de esos apuntes para seguir manteniendo viva la llama verbal del gran Virgilio de México:

José Vasconcelos. “Me interesó siempre López Velarde, por su afán de cosas recónditas; en su conversación se notaba que tenía muy vivo el sentimiento del misterio;”

Antonio Castro Leal: “A la novedad de la forma agrega la de ciertos asuntos que él inaugura en nuestra poesía. Canta la provincia, su vida pintoresca y tranquila, sus emociones –no tan sencillas como quiere el romanticismo–.

José Gorostiza: “La patria fue, sin duda, el descubrimiento más plausible de López Velarde, porque, teniéndola al alcance de la mano, nadie antes de él quiso enterarse de su existencia”.

José Emilio Pacheco: “Para él la patria es su provincia, la provincia es la tierra y la tierra la mujer amada. La nada y la matria tienen mucho de la madre. Pero López Velarde sabe que es una fantasía: el México que desea está muriendo y el petróleo, el don maldito, será el caballo de Troya”.

Alfonso Junco: “Ramón López Velarde –muerto, a la edad de Cristo, en 1921–, poeta extraordinario que acertó a captar y definir las más hondas y delgadas esencias de “La suave Patria”.”

Entrañable legado artístico, “La Suave Patria” fue lo último que escribió López Velarde. Y con justicia es su composición más recordada, tanto por los alumnos de los primeros grados escolares, como por toda una pléyade de admiradores del ilustre zacatecano. Xavier Villaurrutia, Allen W. Phillips, Octavio Paz, José Luis Martínez y –entre muchos otros– Carlos Monsiváis y Guillermo Sheridan, dedicaron no pocas páginas a la obra maestra de nuestras letras cívicas.

Pero además, los versos lópezvelardeanos suelen traer otras afinidades. Y otras voces y escritos. Recuerdo ahora los dos libros de Luis Noyola Vázquez –crítico también imprescindible en el tema– que me regaló hace años, firmados por el autor, mi viejo amigo don Eduardo Arrieta Corral; el pequeño volumen con los comentarios al caso de Juan José Arreola; el disco LP con la declamación a propósito de Enrique Lizalde; las antiguas ediciones de “Senda Huraña”, de Jorge Adalberto Vázquez (prologado por RLV, 1917), y “Renglones Líricos” (RLV, 1950); las ilustrativas glosas de Eugenio del Hoyo; el espléndido “Álbum”, de Elisa García Barragán y Luis Mario Schneider, publicado en 1988. Imposible tampoco olvidar aquí a don Evodio Escalante Vargas, y la originalísima interpretación oral y musical que hacía del poema en diversos escenarios durangueños.

Ramón López Velarde. Alguna vez visitamos su casa natal. Todo parecía el retrato de su creativa nostalgia. Releer “La Suave Patria” es volver a la tierra original. Es viajar al corazón de México.

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