Los persas
El desierto marcó su destino. Tras una larga marcha, trascendió un pueblo nómada, experto en el manejo del arco, excelentes jinetes y según la tradición, rectos con la verdad. Llamado a la grandeza, los pueblos medos y persas se mezclaron bajo un propósito mayor. Pasaron de pastores a agricultores. Con la dinastía persa, fundada por Aquemenes (siglo VII a. C.), pasaron de ser vasallos de los medos a convertirse a través de alianzas, conquistas y matrimonios, en el imperio persa aqueménida. En su época el rey Cambises tuvo el acierto de integrar los territorios y ciudades relevantes como Ecbatana (capital de los medos) y Pasargada (capital persa) ambas en el actual Irán. Ya en la cima del poder el rey tuvo sueños premonitorios, que de cierta manera le advirtieron que Astiages, rey medo, sería destronado por su nieto, el hijo de Cambises. ¡Y así fue! Ciro segundo nació para ser grande. Al tiempo en una batalla le quitó el trono a su abuelo. Después vino la conquista de Babilonia y la consolidación del imperio persa aqueménida. Para dimensionar la fuerza de Ciro, basta decir que mucho antes que Filipo y su hijo Alejandro Magno, Ciro el Grande, construyó hasta entonces, el primer imperio que se extendió desde la India hasta Egipto. Para controlar semejante territorio el monarca impulsó una serie de disposiciones administrativas y militares como dividir en satrapías, hoy diríamos gubernaturas, crear carretreras y recaudar tributos. Ante el problema administrativo de recaudar los bienes en especie introdujo una innovación que hasta la fecha se utiliza en el mundo: la moneda. Una de oro y otra de plata para facilitar el intercambio comercial, que ya no era local, sino internacional. En su afán de conquistar más territorio, Ciro realizó campañas contra los masagetos. Venció en una primera incursión al hijo de la reina Tomiris. Tras la victoria el rey pensó que la monarca se rendiría y le ofreció unirse al imperio, pero ella juró vengar la muerte de su vástago y le prometió "saciar su sed de sangre". Ciro perdió la batalla y también la cabeza, que le fue entregada a Tomiris en un recipiente con vino. De aquellas hazañas se conserva la tumba de Ciro como fiel testigo de los tiempos. El historiador griego Herodoto escribió sobre los persas con admiración y respeto. Después de todo, los persas fueron los grandes enemigos de las polis griegas.
Como juego de tronos, la conjura llevó a Darío a quedarse con el poder luego de que él y otros más asesinaran a Esmerdis, el hijo y heredero de Ciro. Es célebre la forma en que se reconoció Darío como rey, cuando al alba su caballo fue el primero en relinchar. Para legitimarse mandó construir la fabulosa ciudad de Persépolis. Nuevamente buscó ampliar las fronteras del imperio hacia las ciudades griegas. Así surgieron las célebres guerras Médicas (Maratón, Termópilas, Salamina y Platea), pero el gran Darío fue derrotado por los griegos. Años después su hijo Jerjes intentó la revancha al pretender tomar las poblaciones griegas en la segunda guerra médica. Es famosa la resistencia que opuso el rey Leónidas de Esparta con pocos hombres hasta que fueron aplastados en el 480 a. C. Exagerada como un comic de Frank Miller, el director Zack Snyder realizó en 2007 una adaptación cinematográfica de la batalla de las Termópilas: 300. La épica película pronto se volvió de culto entre los cinéfilos. Al final con toda la fuerza de su ejército, Jerjes no triunfó sobre los griegos y su hijo, Artajerjes cambió la estrategia militar. Se dio cuenta que no podía vencer de frente a los hoplitas griegos. Entonces con la enorme riqueza del imperio persa empezó a repartir dinero y sobornos a los políticos griegos. Consecuencia de ese cañonazo de dinero surgió la división entre los atenienses y espartanos. El enfrentamiento terminó en la guerra civil del Peloponeso, pero al mismo tiempo entró en decadencia el imperio persa. Esquilo escribió una obra de teatro llamada Los persas. El trágico griego advirtió que la verdad es la primera víctima de la guerra. ¿Acaso no es así como estamos?
Pese a sus amplios recursos militares y económicos, el imperio tuvo una vigencia de 200 años. Luego vino el turno al joven Alejandro quien construyó el siguiente imperio desde occidente.
No obstante el peso de los siglos, detrás los persas todavía se recuerdan los grandes nombres Ciro, Cambises, Darío y Jerjes. ¿Qué se recordará del actual imperio en decadencia que hoy agrede a Irán?