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Los trenes narrativos de Mima Gardea

Los trenes narrativos de Mima Gardea

2 mar 2026 - 04:03

 ?SCAR JIM?NEZ LUNA

El siglo de durango

¿Cuáles son los mejores tiempos para la novela? El poema y el cuento se levantan con el sol de una vida que amanece: no pocas obras maestras en estos géneros aparecieron antes de que cumplieran veinte años los autores. Arthur Rimbaud es el caso más representativo, evidentemente. La novela, en cambio, parece pedir las tonalidades más acentuadas de la luz, los matices más allá de mediodía. Necesita de la sabiduría de las tareas del tiempo. Habría que recordar, verbigracia, que las obras más reconocidas de José Saramago son precisamente las que escribió en la plenitud de sus años, cuando ya era dueño de su oficio, y en el que se han integrado con fortuna vivencias y lecturas.

La publicación de la novela "Ladrona de memorias", de la escritora duranguense Mima Gardea, se puede inscribir en esta línea de creatividad literaria, donde el conocimiento técnico de la narrativa se une a la atención de una trama con sobrevivencias de caídas y esperanzas, de acuerdo aleterno devenir humano. El tratamiento artístico de esta historia, tiene entonces el sustrato previo del poema y el relato corto.

En esos antecedentes ya se observan algunas características de la autora: la prosa limpia, imantada con los brillos de la poesía («La sala llovía tristeza», se dice en cierto momento), además de la selección de escenas precisas, bien recortadas, cercanas al dolor o a la alegría.

Elena Romo, la protagonista de esta creación narrativa, es una mujer que vive en dos realidades: el del mundo concreto, tangible, el que habita la gran mayoría de la gente, y el de la literatura, que de tener una naturaleza más evanescente, en ella cobra un peso muy significativo: el pensamiento edificante de sus libros le da ánimos en las malas y le sirve de consuelo casi siempre. Son los espejos que le dan energía al andar diario. Del tejido de colores entre los sucesos y las bellas letras surge una composición de contraste. Somos una dualidad que, al final, se complementa, según estas páginas.

La organización de los materiales narrativos también merece destacarse. Cada capítulo ilumina una parte de un espacio-tiempo determinado. Después de entrar en un presente activo, cuando el personaje carga ya con muchas experiencias, la autora nos lleva a recorrer algo del pasado, y lo hace a través de un episodio verdaderamente entrañable: la presencia de tren en esas vidas, sentimentalmente más recargada en la infancia de Elena, para después seguir siendo parte importante en ella:

"Un vagón del tren, ese mismo que otros habían abandonado, fue nuestra casa por un buen tiempo. Lo acondicionamos con lo necesario; mi marido confeccionó una pequeña mesa de madera, unas tarimas con cobijas sirvieron de cama y en una esquina improvisamos la cocina, con su anafre y sus cazuelitas de barro. El olor a carbón se mezclaba con el metal oxidado del compartimiento, y así, entre humo y hierro, empezó mi vida de mujer casada."

No es solamente una descripción nostálgica, aromatizadas con hierbas curativas de buen olor: son los trazos de un retrato interior de la mujer. Más tarde llegarán los recuerdos tormentosos, incluso por la relación con sus hijos. ¿Hasta dónde llegan las culpas que sufrimos?, parece decirnos Elena. Sin embargo, en el grupo de lectura se abre una posibilidad de salvación. Las referencias a Cristina Rivera Garza, Octavio Paz, Walt Whitman...son una especie de bálsamos, que podrían aliviarnos del pesar y delolvido. Porque sin duda hay algo que se va perdiendo dentro de nosotros, o que ya no va respondiendo al orden que aprendimos:

"El tiempo es como un viaje en tren con estaciones que nunca terminan. Una acomoda los recuerdos en un andén o en otro y al volver a buscarlos ya no sabe en cuál quedaron." Somos nuestra memoria, y lo que de ella se deriva. ¿Qué función tiene lo que pasamos? ¿Cómo nos refugiamos de tantas cosas indeseables, crueles, violentas, que marcaron, se quiera o no, nuestros ayeres? ¿Y si a última hora todo lo bueno y lo malo, junto, se va desvaneciendo lentamente como las olas de un mar sin regreso?

Tal es el centro magnético de esta historia. No deja uno de sentir admiración por la protagonista;su lucha por la vida parece encontrar aquí una confirmación conmovedora. Con la misma sinceridad de las anteriores palabras, puedo decir ahora: "Ladrona de memorias" es una de las mejores novelas que he leído de autoría durangueña.Arte literario lleno de fuerza y energía existencial (prólogo a la novela "Ladrona de Memorias", de próxima presentación en nuestra ciudad).

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