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Asesinos Seriales

Luis Óscar Jiménez Herrera: ¿Quién fue el feminicida duranguense apodado 'El Asesino del Tinaco'?

El macabro patrón en sus ataques, la firma perversa en las escenas del crimen y el error que provocó su detención final.

Foto: Redes Sociales

RICARDO HERNANDEZ 20 jul 2026 - 22:00

Hay sombras que nacen en la aparente tranquilidad provinciana para extender un manto de horror incalculable. En el año de 1983, la ciudad de Victoria de Durango vio nacer a Luis Óscar Jiménez Herrera, un hombre de apariencia ordinaria que ocultaba una mente devastadora. Ningún vecino imaginó que aquel joven duranguense se convertiría en la peor pesadilla del norte de México, encarnando la versión más oscura de la naturaleza humana.

El clásico perfil del asesino serial, personificado

Criminológicamente hablando, Jiménez Herrera reunía los rasgos clásicos del asesino en serie organizado. Exintegrante del Ejército Mexicano y mecánico de oficio, canalizó abusos infantiles y resentimiento en un odio patológico hacia las mujeres. Con periodos de enfriamiento calculados, utilizaba una máscara de normalidad para acercarse a sus víctimas en entornos urbanos, ocultando tras su cotidianidad un trastorno sociopático orientado al dominio destructivo.

Entre los años 2010 y 2016, su radio de caza se extendió implacablemente por Tamaulipas y Nuevo León. Su modus operandi revelaba un metódico sadismo: abordaba a mujeres vulnerables, mayoritariamente trabajadoras sexuales, a quienes llevaba a hoteles o viviendas. Tras disputas insignificantes, desataba una violencia feroz: las golpeaba salvajemente hasta dejarlas inconscientes, para luego maniatarlas y estrangularlas con fría y calculada precisión.

El origen de tan macabro sobrenombre

El macabro alias criminal que lo inmortalizó en la nota roja surgió de la perversidad en sus escenas del crimen. Tras asesinar a una mujer, ocultó el cadáver atado dentro de un depósito de agua en la azotea de un inmueble. El hallazgo sumergido horrorizó a la sociedad y bautizó a este depredador duranguense como "El Asesino del Tinaco", una marca imborrable de espanto.

El final de tan horrendo personaje

Ese reino de pesadilla concluyó formalmente el 9 de septiembre de 2016. Tras un exhaustivo rastreo de evidencias biológicas y grabaciones, agentes ministeriales ejecutaron su orden de aprehensión en Escobedo, Nuevo León. La captura del criminal duranguense frenó de golpe una sangrienta cadena adjudicada oficialmente a más de 16 feminicidios cometidos a lo largo de seis cruentos años de impunidad.

Tras su arresto definitivo, la temple fría de Jiménez Herrera se mantuvo intacta. Con un desapego espeluznante, detalló ante los fiscales la mecánica de sus ataques sin atisbo alguno de arrepentimiento. El proceso judicial culminó en marzo de 2018, cuando las autoridades le impusieron una condena de 123 años de prisión por homicidio calificado y secuestro agravado, clausurando legalmente su trayectoria sangrienta.

El primer caso de asesino serial duranguense

Lejos de los desenlaces dramáticos del cine de ficción, el final de este monstruo real tomó la forma de una lenta putrefacción carcelaria. Jiménez Herrera no murió violentamente ni logró escapar; su destino quedó sepultado en vida tras los fríos barrotes de la penitenciaría, donde hoy purga su sentencia kilométrica consumido por la soledad del concreto y el olvido absoluto.

Hoy en día, el expediente de Luis Óscar Jiménez Herrera permanece como una dolorosa cicatriz sobre las profundidades de la maldad humana gestadas en la 'Tierra del Cine'. El duranguense que aterrorizó al norte del país cumple su condena tras las rejas, convertido en el fantasma viviente del capítulo más perturbador de la criminología regional contemporánea.

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