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Asesinos Seriales

María Trinidad Ramírez Poblano: ¿Quién era la asesina apodada 'La Tamalera de la Portales'?

Entre golpes, un bate y ollas de peltre: la perturbadora noche que cambió la crónica negra mexicana para siempre.

Foto: Redes Sociales

RICARDO HERNANDEZ 16 jul 2026 - 22:08

La noche del 17 de julio de 1971, una densa y asfixiante oscuridad sepultó por completo la colonia Portales en la Ciudad de México. Dentro de una humilde vecindad de cuartos contiguos, el persistente olor a maíz cocido comenzaba a mezclarse sutilmente con el hedor invisible del pánico más absoluto. María Trinidad Ramírez Poblano, empujada al abismo por el horror cotidiano, contemplaba fijamente a su esposo y verdugo.

Dijo "no más" al abuso...

El tirano doméstico, un infame peluquero de carácter colérico y violento llamado Pablo Díaz, dormía profundamente tras haber propinado una golpiza verdaderamente brutal a los pequeños hijos de Trinidad. Aquel hombre roncaba con la tranquilidad pasmosa de los seres impunes, ignorando que el miedo acumulado de su cónyuge se había transformado, finalmente, en una determinación asesina, gélida e inflexible.

Tomando un pesado bate de béisbol con manos trémulas pero certeras, la mujer descargó la furia contenida sobre el cráneo expuesto de Díaz, silenciando para siempre sus constantes insultos. Lo que ocurrió después cruzó la delgada línea hacia una pesadilla perturbadora. Con un hacha muy afilada y un cuchillo, Trinidad seccionó metódicamente las extremidades del cadáver para ocultar el atroz homicidio.

Intentó deshacerse de su víctima

La espeluznante carnicería continuó con una calma sepulcral: acomodó los restos mutilados dentro de costales de Conasupo, pero reservó la cabeza cercenada de su esposo para sumergirla en una olla de peltre que escondió debajo de la cama. Días más tarde, cuando los costales aparecieron en un terreno baldío, la policía descubrió con horror absoluto las piezas de aquel rompecabezas humano.

La prensa amarillista hizo de las suyas

La voraz prensa amarillista devoró el hallazgo de inmediato, sembrando la leyenda urbana más escalofriante de la capital: la sospecha morbosa de que Trinidad había cocinado la carne de Pablo para venderla en sus tamales. Aunque los peritajes científicos jamás pudieron comprobar semejante atrocidad caníbal, el mito sangriento ya se había enquistado para siempre en el imaginario colectivo.

El arresto formal de la llamada "Tamalera de la Portales" se concretó a finales de ese julio sangriento. Destrozada emocionalmente, confesó el crimen argumentando una legítima defensa ante un infierno de persistente violencia intrafamiliar. La justicia, ciega a su calvario, la sentenció implacablemente a una pena de 40 años de prisión por homicidio calificado y profanación de cadáver.

Al final, Trinidad pudo descansar

Su reclusión transcurrió en el penal de Santa Martha Acatitla, donde su perfil criminológico rompió los moldes habituales de la maldad. Lejos de ser una psicópata desalmada, Trinidad mostró una conducta intachable, una profunda devoción religiosa y un sincero arrepentimiento. Tras las rejas encontró un extraño oasis de paz, irónicamente a salvo de los monstruos de la libertad.

Por su impecable comportamiento, obtuvo la libertad en 1991 y huyó de inmediato del acoso mediático hacia Santiago Tequixquiac, su pueblo natal. Allí, la muerte definitiva la alcanzó en 1995, cerrando un expediente siniestro. Su historia queda como el eco de un horror suburbano; una sombra que aún flota en las esquinas donde el vapor de las ollas desafía a la noche.

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