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México frente al reto del control estratégico

Con México en la mente

México frente al reto del control estratégico

HÉCTOR SÁNCHEZ GUTIÉRREZ 7 mar 2026 - 04:03

México enfrenta una tensión estructural que no puede explicarse desde la violencia, la deuda o la corrupción como fenómenos aislados. El desafío es recuperar el control estratégico del gobierno en un contexto internacional volátil, con competencia geoeconómica creciente y presión interna acumulada. No se trata de dramatizar el momento, sino de entender su naturaleza. Cuando la autoridad pierde capacidad efectiva para anticipar riesgos, coordinar instituciones y proteger su base económica, el deterioro se vuelve progresivo. "Administrar inercias no es gobernar; gobernar es recuperar dirección estratégica".

El entorno internacional ha dejado de ser estable. La competencia entre potencias, la relocalización de cadenas productivas y las nuevas exigencias regulatorias en seguridad, energía y comercio están redefiniendo los márgenes de maniobra nacionales. México mantiene una integración profunda con Estados Unidos mediante el T-MEC, lo que constituye una ventaja comparativa relevante. Sin embargo, esa misma integración implica dependencia crítica en exportaciones, inversión y flujos financieros. En un contexto de tensiones geopolíticas, cualquier percepción de debilidad institucional interna puede traducirse en ajustes comerciales, exigencias regulatorias adicionales o reubicación de capital.

"La estabilidad externa siempre depende de la credibilidad interna".

La cercanía económica tampoco es automática ni irreversible. Las empresas que evalúan relocalización priorizan seguridad jurídica, continuidad operativa y protección de infraestructura estratégica. Cuando la incertidumbre territorial aumenta, la ventaja geográfica pierde valor. México compite no solo en costos, sino en confiabilidad. Y la confiabilidad no se decreta; se construye con instituciones capaces de garantizar reglas claras y condiciones estables.

"En la economía global, la confianza es un activo estratégico".

En el plano interno, el déficit más delicado no es únicamente operativo, sino de anticipación. El Estado mexicano ha demostrado capacidad de contención ante crisis visibles, pero la anticipación estructural sigue fragmentada. Seguridad, política fiscal, regulación económica y política exterior operan con frecuencia en compartimentos institucionales que intercambian información de manera reactiva, no preventiva. Cuando el análisis estratégico no integra variables, las decisiones llegan tarde y los costos se multiplican.

Reaccionar es administrar crisis; anticipar es ejercer gobierno.

La inteligencia estratégica debe articular variables territoriales, financieras, industriales y geopolíticas en un mismo sistema de evaluación permanente. No se trata de ampliar burocracias, sino de conectar información dispersa y convertirla en decisiones oportunas. La coordinación entre seguridad, hacienda y política económica es condición para neutralizar riesgos antes de que escalen. Cuando el análisis prospectivo es débil, la política pública se vuelve improvisada.

Sin inteligencia integrada, el gobierno pierde profundidad estratégica.

La dimensión financiera es igualmente crítica. México preserva estabilidad macroeconómica relativa bajo la conducción de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, y la autonomía técnica del Banco de México, evitando crisis abruptas. Sin embargo, el dinero público es cada vez menos y el gasto fijo sigue aumentando. Recuperar control estratégico implica invertir en seguridad, infraestructura y capacidades institucionales sin deteriorar la confianza de inversionistas ni socios comerciales.

"Seguir el dinero ilícito es la forma más efectiva de recuperar recursos y autoridad".

En paralelo, la economía criminal y el narcoterrorismo son una distorsión sistémica. No son fenómeno ideológico ni disputa política interna o externa: son una amenaza estructural que afecta simultáneamente seguridad, economía e institucionalidad. Su impacto no radica solo en la violencia visible, sino en la capacidad de infiltrar mercados, alterar precios, controlar territorios y generar costos adicionales para actores formales.

En el continente comienza a reconocerse esta dimensión estratégica. EUA impulsa una nueva instancia de coordinación regional contra el terrorismo y las economías criminales, a la que se han adherido 20 de los 31 países que integran el ámbito operativo del Comando Sur. México, por su ubicación geográfica y vinculo económico, enfrenta ese mismo desafío desde el espacio estratégico del Comando Norte, donde la cooperación en inteligencia y seguridad se vuelve cada vez más determinante para la estabilidad regional.

"Cuando la violencia adquiere capacidad política-económica-territorial, deja de ser problema policial, porque compromete la vigencia del Estado".

La encrucijada actual no implica colapso inminente, pero sí una disyuntiva clara. O se fortalece la capacidad efectiva del gobierno para anticipar, coordinar y ejercer autoridad económica y territorial, o se normaliza esta erosión gradual que limita crecimiento, reduce margen fiscal y debilita posición internacional.

Los gobiernos no pierden competitividad de manera súbita; la pierden por acumulación de omisiones. México aún dispone de ventajas estratégicas relevantes: ubicación, integración comercial, base industrial y estabilidad monetaria. Pero esas ventajas requieren protección activa y permanente.

"Enfrentamos decisiones clave para el rumbo nacional: en seguridad, desarrollo y soberanía. Nuestro futuro está en manos de la estrategia: -la nuestra y la ajena-".

* El autor de esta columna es general de División Estado Mayor y Maestro en Seguridad y Defensa Nacionales.

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