Mirador
El rey Cleto emitió un decreto real: en adelante todas las pelotas de su reino deberían ser cuadradas.
Uno de los sabios que le servían de consejeros le recordó que el mundo era redondo. El soberano entonces añadió una cláusula a su edicto por la cual ordenaba que el mundo se hiciera cuadrado.
El mandato del monarca se cumplió solamente a medias. Pese a la orden del rey el planeta siguió siendo redondo. Esa desobediencia irritó a Cleto, que declaró traidor al globo terráqueo. El mandato relativo a las pelotas fue cumplido, pero sucedió que ahora las pelotas botaban mal, y los niños no podían jugar con ellas. Aquello fue un trastorno generalizado.
Los sabios que aconsejaban al rey Cleto le sugirieron que diera marcha atrás. Él se negó: nunca retrocedía. Pero emitió otro decreto por el cual ordenaba que en adelante todas las pelotas de su reino fueran redondas.
La orden se cumplió. Los niños volvieron a jugar. Y dijo Cleto, orgulloso y satisfecho:
-Así se gobierna.
¡Hasta mañana!.