Mirador
Malbéne, el controvertido teólogo lovaniense que se define a sí mismo como “aprendiz de hereje”, escribió esto en su más reciente para la revista “Lumen”:
“. Durante siglos la Iglesia ha enseñado que al final de la vida le esperan al hombre -y a la mujer- las postrimerías o novísimos: muerte, juicio, infierno o gloria. Eso ha sido causa de temor para los humanos y de magníficos ingresos para la Santa Madre. El miedo al infierno y la esperanza del Cielo hacen que por medio de limosnas, es decir de dinero, los fieles procuren escapar de la condenación eterna y ganar la eterna bienaventuranza. ¡Benditas postrimerías! De no ser por ellas yo, clérigo, estaría pasando hambre.”.
Seguramente estas palabras de Malbéne escocerán no solo a sus colegas eclesiásticos, sino también a algunos feligreses que han hecho a la Iglesia donativos de consideración, y que por eso piensan que se han librado ya del fuego y accederán al coro celestial. Malbéne, hombre culto, de lecturas, termina su texto con dos palabras castellanas: Poderoso caballero.
¡Hasta mañana!...