Mirador
La tertulia en la antigua casa de Ábrego se alarga tras la cena. El convivio es cordial, cálido. Dios Padre ha sido buen papá, y dio esta vez buenas cosechas a sus hijos. Dice el proverbio ranchero que por acá se dice: “Año de tunas, año de fortunas. Año de nopales, año de males”. Este año fue de tunas.
La conversación se aviva en la cocina. Las señoras han accedido hoy a acompañar su taza de té de yerbanís con media copita de mezcal.
No la necesita doña Rosa para narrar una más de las ocurrencias de don Abundio, su marido.
-Le vendió una mula al compadre Teodoro. Al día siguiente Tololo vino a reclamarle: “Compadre: usté no me dijo que la mula que me vendió está ciega de un ojo”. Le contestó Abundio: “Tampoco me lo dijo el que me la vendió a mí”.
Reímos todos, menos don Abundio. Masculla con enojo:
-Vieja habladora.
Doña Rosa figura con índice y pulgar el signo de la cruz, se lo lleva a los labios y jura;
-Por ésta.
¡Hasta mañana!...