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ARMANDO FUENTES AGUIRRE (CATÓN) 5 sep 2026 - 07:39

Mi tía Conchita -Concepción Fuentes Flores- era mujer con candores de niña.

Jamás comía guayabas: temía que las semillas se le fueran a pegar en el corazón. Nunca empleaba la palabra “huevos”. En su lugar decía “blanquillos” o “producto de gallina”,

De joven fue preciosa, pero estuvo soltera muchos años porque a sus cinco hermanos -mi padre entre ellos- no les gustaba ninguno de sus pretendientes. Casó ya de madura edad con viudo, e hizo con él un feliz matrimonio.

Su esposo, don Refugio, era hombre religioso, Caballero de Colón. Quería mucho a mi papá; le decía compadre, y sostenía con él largas conversaciones y debates amistosos que aun así angustiaban a mi tía. Cuando le llevamos al tío Cuco la noticia de la muerte de mi papá lloró como un niño: “¿Por qué se le ocurrió morirse a mi compadre?”.

Solía decir, viuda triste, la tía Conchita:

-Nomás los recuerdos quedan.

Es cierto. Nomás los recuerdos quedan.

¡Hasta mañana!

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