Mirador
Un niño pequeño apoyó las manos en el suelo para intentar una maroma.
No la pudo hacer, y cuando quiso ponerse en pie se dio cuenta de que las manos se le habían pegado a la tierra. A la Tierra, mejor dicho.
Logró por fin enderezarse, pero al hacerlo quedó con el planeta sobre él, sosteniéndolo precariamente.
Ya lleva mucho tiempo -nadie sabe cuánto- en esa difícil situación. A veces se cansa, y los débiles brazos se le doblan. Entonces suceden terremotos, inundaciones o tsunamis. Eso también cambia el clima, sin que los meteorólogos puedan explicar por qué.
Seguramente algún día el niño ya no podrá sostener el mundo -cada vez pesa más, por el aumento de la población-, y entonces dejará que el planeta caiga. Con eso caerá todo, lo mismo las tazas que las catedrales.
Espero no estar aquí cuando eso suceda. Caería yo también, y a mi edad las caídas son muy peligrosas.
¡Hasta mañana!....