Mirador
San Virila salió de su convento esa mañana y tomó el camino de la aldea. Iba a buscar el pan para sus pobres.
El día era radiante. Brillaba un sol benévolo y soplaba una brisa musical. El prado estaba matizado de flores, y sobre ellas zumbaban los colibrís y las abejas. A lo lejos se oían risas de muchachas, canciones de mancebos y voces infantiles que en la escuela recitaban las tablas de multiplicar: “Dos por una dos; dos por dos cuatro; dos por tres seis.”.
En la aldea San Virila pidió el pan. Los humildes le dieron; los altanerosno.
-Haz un milagro -le pedían todos.
-Yo no los hago -sonreía él.
Caía ya la tarde cuando el frailecito regresó al convento. El padre portero lepreguntó:
-¿Qué milagro hiciste hoy?
Respondió San Virila:
-Hice el milagro de no hacer ningún milagro.
¡Hasta mañana!...