Mirador
No me gusta hacer milagros -decía San Virila-. Rompen las leyes de la naturaleza. Pero el Señor me puso el mal ejemplo.
Hace unos días el padre portero extravió sus llaves. Tras buscarlas inútilmente le pidió al frailecito que le hiciera el milagro de encontrarlas. Le dijo San Virila:
-Manos que no cogen, paredes desechan. Vamos a buscarlas juntos.
Tras un rato de búsqueda dieron con el llavero.
-¿Lo ves? -le dijo San Virila al de la puerta-. Juntos podemos hacer muchos milagros. Antes los hacía él solo. Desde luego no llegó nunca a detener el sol o resucitar a un muerto. Esos milagros son para profesionales. San Virila es un mero aficionado. Sus milagros eran pequeños, como hacer que un árbol se inclinara para que pudiera bajar el gatito que había trepado a él y no podía descender.
-Pero milagros son milagros -dice San Virila-. Lo mejor es no hacerlos.
¡Hasta mañana!...