Mirador
El Espíritu se entristeció. Le dijo al Padre:
-Veo que estás triste.
Respondió el Señor:
-Me conduele la suerte del pobre sacerdote ecuatoriano al que le cayó en la cabeza el gran crucifijo del altar y lo mató. Ahora está en el Cielo por sus buenas obras, pero se mantiene apartado. Ahora teme que le caiga encima toda la corte celestial.
-No estés triste -le dijo el Espíritu al Creador-. Tú no tuviste la culpa del accidente. Fue obra de la ley de la gravedad.
-No debí haberla hecho -ponderó el Padre-. Por causa de lo sucedido en Ecuador ha aumentado el número de ateos.
¡Hasta mañana!...