Mirador
Llegó sin previo aviso y se presentó sin más:
-Soy el número o uno.
Me bastó oírlo para recelar de él. Quienes dicen ser el número uno son por lo general el número mil, o 10 mil o 150 mil. La cortesía, sin embargo, me obligó a decirle que me daba gusto conocerlo. Le dije, sin embargo, que había conocido a otros que también decían ser el número uno.
-Son unos impostores -replicó, molesto. El único y verdadero número uno soy yo.
No quise discutir, de modo que lo dejé con su idea. Después de volver a repetir varias veces que era el número uno se despidió.
Sentí alivio. Es muy difícil tratar con quienes creen ser el número uno.
¡Hasta mañana!...