FOTO: Instagram | @belgianreddevils
La Selección de Bélgica tuvo que atravesar un proceso de transición y exigencia para asegurar su lugar en el Copa Mundial de la FIFA 2026, dejando atrás la llamada “generación dorada” y apostando por una nueva base que busca devolver al equipo al protagonismo internacional.
Lejos de ser un trámite sencillo, el camino de los belgas estuvo marcado por ajustes, presión mediática y la necesidad de reinventarse tras la decepción de torneos recientes.
Un cambio generacional inevitable
Tras años compitiendo al máximo nivel con figuras como Eden Hazard y Dries Mertens, Bélgica inició una renovación profunda en su plantilla. El liderazgo recayó en jugadores como Kevin De Bruyne, quien se mantiene como el eje del equipo, acompañado por futbolistas que buscan consolidarse en el escenario internacional.
La presión no era menor, dejar atrás una generación que alcanzó semifinales en 2018 obligaba a responder con resultados.
Eliminatorias con altibajos, pero efectivas
Durante las eliminatorias europeas rumbo al Mundial, Bélgica mostró dos caras, por momentos dominante, pero también con lapsos de irregularidad que generaron dudas.
Aun así, el equipo logró sumar los puntos necesarios para colocarse en posición de clasificación, apoyándose en su capacidad ofensiva y en la experiencia de jugadores clave como Jeremy Doku, Trossard y un par más.
El equipo encontró equilibrio en los momentos importantes, sacando resultados en partidos cerrados que terminaron siendo determinantes en la tabla.
Nueva identidad bajo presión
Más allá de los resultados, uno de los mayores retos fue construir una nueva identidad de juego. Bélgica pasó de ser un equipo consolidado a uno en reconstrucción, con un estilo que busca ser más dinámico y menos dependiente de individualidades.
El cuerpo técnico apostó por dar minutos a jóvenes talentos, combinándolos con la experiencia disponible, en un intento por llegar al Mundial con una base sólida y competitiva.
Volver a ser protagonista
Con el boleto asegurado, Bélgica llegará al Mundial 2026 con una mezcla de experiencia y juventud, pero también con interrogantes sobre su verdadero alcance.
La exigencia es clara, dejar atrás las dudas y demostrar que, aunque la generación dorada quedó en el pasado, el equipo aún tiene argumentos para competir contra las potencias.
El camino no fue perfecto, pero sí suficiente para mantenerse en la élite. Ahora, el verdadero examen será en la cancha mundialista.