No me platiques más
Una de mis canciones favoritas de Luis Miguel es “No me platiques más” es una canción melancólica sobre alguien que ya no soporta escuchar recuerdos de un amor pasado de la persona que ama y es que, cuando quieres profundamente a alguien, escuchar comparaciones, nostalgias o historias del pasado puede doler muchísimo. Esta canción no habla desde enojo, sino desde una tristeza contenida y una especie de súplica de “por favor, cuidemos este momento y no invoquemos fantasmas”, habla de celos, vulnerabilidad y del deseo de sentirse suficiente en el presente.
Y sí… hay temas delicados en una relación: política, dinero, la suegra, quién dejó el topper vacío en el refri…Pero ninguno tan peligrosamente innecesario como hablar de amores pasados, porque una cosa es la honestidad emocional y otra muy distinta convertir una cita romántica en la mala idea de;” Te quiero contar algo de mi pasado…” Hay una delgada línea entre transparencia y terrorismo emocional, casi nunca resulta bien querer ser tan “transparentes”.
Y ahí está el pobre ser humano frente a nosotras, comiendo sushi, sin saber que está a punto de escuchar el árbol genealógico completo de Alejandro, cómo te fue infiel David el guapetón novio de secundaria, y por qué Genaro el súper lindo que le tuvo miedo a la felicidad. ¿Y el otro qué hace con esa información? ¿La archiva? ¿La mete al sótano? No lamento informar que el cerebro humano NO está preparado para semejante información. La ciencia todavía no confirma esto oficialmente, pero claramente el cerebro entra en estado de emergencia cuando escucha frases como: “Mi ex y yo viajábamos muchísimo…” “A él le encantaba cocinarme…” “Nunca había conectado así con alguien…” “Mi ex medía 1.92 pero era súper tóxico.”
Luis Miguel ya nos había advertido, la canción básicamente dice: “por favor, protejamos la poca estabilidad emocional que queda.” Y honestamente es sabiduría pura, porque nadie sale fortalecido después de escuchar: “Mi ex sí sabía escucharme…”
Acto seguido, la persona que está frente a ti, ya le ha dado gastritis, perdió el brillo en los ojos y se queda pensando: Ah. Perfecto. Entonces háblale a él, “Excelente. Entonces yo aquí pagando el sushi, escuchando el podcast de Pancho 2007, mientras claramente él sí era el amor de tu vida…”
Y es que hay personas que narran sus ex relaciones con un nivel documental impresionante.
No amiga, nadie necesita Información que NO aporta nada, tu ex no cabe en la cena, hay datos que jamás ayudaron a ninguna relación, como cuántas parejas tuviste, quién besaba mejor, quién tenía barco, quién tocaba guitarra, quién “te entendía cañón”. Eso no construye intimidad, lo único que vas a lograr es destruir una cita en 3 anécdotas provocando ansiedad, comparación, ¡y gastritis!. El problema no es el pasado, el problema es invocarlo como espíritu chocarrero.
Madurar no es contar absolutamente todo, madurar también es saber qué vale la pena compartir y qué merece morir dignamente en silencio. Hay secretos que sostienen matrimonios, hay recuerdos que deben quedarse en el pasado, en terapia o máximo en un vinito terapéutico en una noche con amigas con charla de despecho y un “te lo dije” incluido.
Recuerda: por regla universal, si la historia termina con: “jajaja qué oso” quizá sí cuéntala. Si termina con: “nunca volví a amar igual” guárdala en una caja, lánzala al mar y deja a la gente vivir tranquila.
Porque, hablar compulsivamente de ex parejas no siempre es honestidad, a veces es nostalgia no resuelta, ego, necesidad de validación o simple incapacidad de cerrar ciclos. Los ex novios son invitados no deseados en relaciones nuevas.
Y como diría Luis Miguel: ¡Por piedad! “No me platiques más…” existe una divina y misteriosa elegancia emocional de no hablar de relaciones pasadas, una elegante forma de amar el presente sin sentar al pasado en la mesa. Cerrar ciclos también implica cerrar la boca, hay recuerdos que merecen silencio, que ya cumplieron su ciclo y simplemente no tienen por qué convertirse en sobremesa.
El pasado romántico debería ser un archivo muerto, no presentación PowerPoint, el verdadero lujo es comenzar una nueva relación sin fantasmas, sin comparaciones innecesarias. Porque hay verdades que liberan… y otras que nomás arruinan el sushi.