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¿Nos va a pegar 'El Niño' en 2026? Esto dicen los pronósticos del clima, que ya inquietan a expertos

El Pacífico volvió a encender alertas: especialistas ya vigilan la posibilidad de que El Niño regrese en 2026. No está confirmado, pero tampoco es un tema menor.

IA

JORGE LUIS CANDELAS 9 abr 2026 - 05:37

Aunque todavía no hay una confirmación definitiva, el nombre de El Niño volvió a encender alertas entre especialistas del clima. En los últimos días, distintos pronósticos y análisis internacionales comenzaron a poner sobre la mesa una posibilidad que no pasa desapercibida: que este fenómeno pueda desarrollarse en la segunda mitad de 2026.

La clave está en que, por ahora, el escenario no es de certeza total, sino de vigilancia creciente. Es decir, no se puede decir aún que El Niño ya viene en camino como un hecho consumado, pero sí que hay señales suficientes para que meteorólogos y centros climáticos le sigan muy de cerca la pista.

Primero lo primero: ¿qué es El Niño?

El Niño es un fenómeno climático que ocurre cuando las aguas del océano Pacífico ecuatorial se calientan por encima de lo normal durante un periodo prolongado. Ese cambio, que puede parecer lejano, termina alterando la circulación atmosférica y modifica patrones de lluvia, temperatura, sequías y tormentas en distintas partes del mundo.

Por eso, cuando su nombre aparece en los pronósticos, no se trata de un simple dato técnico. El Niño puede influir en temporadas de calor más intensas, cambios en las lluvias e incluso afectar la formación o el comportamiento de ciclones, dependiendo de la región.

¿Entonces ya está confirmado para 2026?

Todavía no.

Ese es el punto más importante para no caer en titulares engañosos. Lo que existe en este momento son proyecciones que apuntan a un aumento en las probabilidades de que el sistema climático pase de una fase neutral a condiciones más favorables para El Niño conforme avance el año.

En otras palabras, los expertos no están diciendo que ya comenzó, sino que el Pacífico está mostrando una evolución que hace razonable empezar a vigilar ese escenario.

Además, los pronósticos climáticos a varios meses de distancia siempre se manejan con cautela, porque pueden cambiar conforme avanza la temporada y se actualizan los modelos.

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¿Por qué ahora se habla tanto del tema?

Porque después de meses marcados por la influencia de La Niña y luego por una fase más neutral, el comportamiento del Pacífico vuelve a colocarse bajo observación.

Cuando los océanos empiezan a mostrar cambios consistentes en temperatura, los especialistas revisan si esas señales podrían convertirse en un evento más claro en los siguientes meses. Y eso es justamente lo que está ocurriendo ahora: no hay declaración definitiva, pero sí una conversación seria sobre el posible regreso de El Niño.

El tema llamó todavía más la atención porque algunos análisis han planteado incluso la posibilidad de un episodio fuerte, aunque ese escenario sigue siendo prematuro y dependerá de cómo evolucionen las condiciones en primavera y verano.

¿Qué podría provocar si llega a formarse?

Depende mucho de la intensidad del fenómeno y de cada país o región, pero entre los efectos que normalmente se asocian con El Niño están:

  • cambios en los patrones de lluvia;

  • periodos más secos en algunas zonas y más húmedos en otras;

  • aumento de temperaturas;

  • alteraciones en temporadas agrícolas;

  • impacto en la actividad ciclónica de ciertos océanos.

No significa que todo eso vaya a ocurrir de manera automática ni igual en todos lados. Pero sí explica por qué su posible regreso genera tanto interés entre meteorólogos, gobiernos y sectores productivos.

¿Y en México qué podría significar?

En México, hablar de El Niño suele despertar atención porque sus efectos pueden reflejarse en el comportamiento de las lluvias, las temperaturas y la temporada de huracanes.

Todavía es demasiado pronto para traducirlo en consecuencias concretas para cada estado, pero si la señal se fortalece en los próximos meses, seguramente comenzarán a aparecer análisis más específicos sobre posibles impactos en el país.

Por eso, más que adelantarse a escenarios extremos, lo recomendable en este momento es seguir las actualizaciones de organismos meteorológicos y no confundir una probabilidad en aumento con una confirmación total.

Lo importante por ahora

El Niño no está confirmado como un hecho para 2026, pero sí se ha convertido en un escenario que los expertos ya observan con más atención.

Y ahí está justamente la noticia: el Pacífico vuelve a moverse, los modelos climáticos ya detectan señales que vale la pena vigilar y, si esa tendencia se mantiene, el fenómeno podría convertirse en uno de los temas climáticos más importantes de la segunda mitad del año.

Por ahora, la palabra clave no es alarma, sino seguimiento.

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