'Ofertorio', el mural de Guillermo Bravo Morán que 'esconde' el Hotel Casablanca | FOTOS
Un mural prácticamente oculto permanece dentro de uno de los edificios históricos de Durango. Se trata de “Ofertorio”, una obra realizada por Guillermo Bravo Morán en 1965 y que se encuentra en el interior del bar del Hotel Casablanca, lejos de los espacios más concurridos de huéspedes y visitantes.
La pieza, también identificada en registros históricos como “La Procesión”, forma parte del patrimonio artístico que resguarda este inmueble y constituye una muestra poco conocida del trabajo de uno de los creadores vinculados con la tradición plástica duranguense del siglo XX. Su particular ubicación ha hecho que durante años pase inadvertida para buena parte de quienes visitan el hotel.
Lejos de las miradas
Y es que “Ofertorio” es una obra de gran valor, pues fue realizado en acrílico específicamente para las paredes del antiguo Bar Eugenio, un pequeño espacio del inmueble nombrado en honor a Eugenio Durán, fundador original del edificio en 1948.

Sin embargo, a diferencia de los murales ubicados en espacios públicos y de acceso cotidiano, esta obra permanece dentro de una zona restringida. El espacio donde se encuentra ha tenido durante años un acceso limitado, no porque esté prohibido para huéspedes o visitantes, sino por lo poco vistoso que es.
La entrada a esta área se localiza por una pequeña puerta colindante con el estacionamiento de la calle Zaragoza, aunque el acceso no forma parte de los recorridos habituales del inmueble.
Obra con carga espiritual
La composición de “Ofertorio” plantea una reflexión sobre la relación del ser humano con lo espiritual en medio de la transformación de la sociedad moderna.


La obra incorpora referencias relacionadas con el paso del tiempo y los ciclos de la naturaleza, entre ellas los solsticios, los equinoccios, las estaciones del año y distintas fechas de carácter sagrado. Estos elementos forman parte de una narrativa en la que el ser humano aparece vinculado con fenómenos que trascienden su existencia individual.
El resultado es una pieza de carácter simbólico que combina figuras y movimiento para construir una escena cargada de tensión y dramatismo.
La huella de Bravo Morán
Guillermo Bravo Morán fue alumno del maestro Francisco Montoya de la Cruz, una formación que contribuyó a consolidar su trayectoria dentro de las artes plásticas de Durango.


En “Ofertorio” puede apreciarse su capacidad para trabajar sobre un espacio arquitectónico reducido y adaptar la composición a las características particulares de los muros. La obra aprovecha el formato para generar movimiento y profundidad, sin perder la unidad de la escena.
Su lenguaje plástico mantiene además vínculos con la tradición del muralismo mexicano, con recursos expresivos que recuerdan a figuras como José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, aunque reinterpretados desde la personalidad artística de Bravo Morán.
Hotel con memoria artística
La presencia de “Ofertorio” no es un hecho aislado dentro del Hotel Casablanca. El inmueble también resguarda una colección de obras de autores regionales, entre acuarelas y acrílicos, además de trabajos realizados por el propio Bravo Morán.

En la escalera principal se encuentra también un mural al óleo realizado por Hipólito Juárez en 1954, otra pieza que forma parte del patrimonio artístico conservado dentro del edificio.
Así, detrás de los espacios cotidianos del Hotel Casablanca permanece un fragmento de la historia plástica de Durango, un “Ofertorio” prácticamente oculto, pero de gran valor artístico.