Ormuz, la verdadera bomba nuclear
El Estrecho de Ormuz ha pasado de ser un cruce de mercancías a una herramienta bélica, temida desde la bolsa de Londres hasta las petroleras texanas. En esta guerra militar y mediática, las supuestas amenazas nucleares de Irán y su apoyo a grupos subversivos cayeron a segundo plano. La opinión pública estadounidense repara, entre consignas de política, religión y terrorismo, que la geografía y el precio de la gasolina se imponen en su bolsillo.
Para exponerlo de manera sencilla, Ormuz es un atajo marino que saca gran parte de la carga de los principales productores petroleros. Transitan gas, derivados estratégicos y fertilizantes rumbo a distintos continentes. A pocos kilómetros, acoge clústeres financieros como Dubái, Abu Dabi y Mascate. Por el norte está flanqueado por territorio iraní y por el sur por países árabes que albergan bases armadas de Estados Unidos, Reino Unido y Francia.
La primera pregunta entonces es: ¿Al atacar, EU e Israel no sabían que Irán podía bloquear el estrecho? La respuesta es sí. Además del error de cálculo, se sumó una lista de prejuicios sobre los iranís, en un enfrentamiento que sigue en curso. El traspié ha disparado los combustibles en la Unión Americana y provocado una escasez global de fertilizadores (nitrogenados). Se calcula que en 2026 generará hambre adicional en 45 millones de personas sólo por su efecto en la agricultura mundial.
El viejo prejuicio es calificar a Irán como un país aislado o "terrorista". Los iraníes no son ciertamente una democracia liberal en su gobierno, pero son en mucho un país capitalista de occidente. Tienen relaciones profundas con el mercado petroquímico, las bolsas de valores, las finanzas y los bienes raíces internacionales. La relevancia iraní supera al británico e histórico Banco Imperial de Persia. Abarca cuentas bancarias e inversiones estratégicas en Reino Unido, Suiza, los Emiratos Árabes, Iraq, Catar, Omán y también en India, Rusia, China y Turquía.
El nuevo tropiezo fue asumir que Irán como actor internacional es como Venezuela, es decir, un nuevo protagonista con recursos energéticos al que podría hacérsele una guerra clínica. Mas Irán en la política y economía mundial es lo que en términos bancarios se conoce como sistémico, si se derrumba afecta a todo el sistema. Sería como si quebrara JP Morgan en Estados Unidos o Volkswagen en Alemania, se podría sobrevivir, más la herida sería profunda, habría crisis y múltiples afectados.
Por eso, su bomba nuclear es el control del paso de Ormuz más que la posesión del petróleo mismo. No sólo importan sus reservas de crudo, sino los barcos de petroquímicos que salen de Arabia Saudita, Iraq y Kuwait, dejan de llegar a China, India y Japón o que benefician a Rusia. El conflicto actual comenzó afectando a una decena de vecinos de Medio Oriente y hoy daña la canasta básica de casi todos los hogares del planeta.
Parece simplista, pero los tomadores de decisiones estadounidenses, como en otras geografías, están teniendo muchos puntos ciegos por no leer o revisar los datos duros y limitarse a las discusiones de las redes sociales. Hay una confusión entre discurso político y políticas públicas. Si bien, la comunicación política lleva a la inmediatez, polarización y simplicidad, la dirección de gobierno exige serenidad, análisis profesional y responsabilidad. Ormuz demostró que más sabe el diablo por viejo que por diablo.
*Especialista en geopolítica y miembro de COMEXI