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¿Por qué al volante nos volvemos otra persona? El efecto 'Dr Jekyll y Señor Hyde' explicado

¿Te transformas al volante? La psicología dice que no es casualidad.

¿Por qué al volante nos volvemos otra persona? El efecto 'Dr Jekyll y Señor Hyde' explicado

JORGE LUIS CANDELAS 1 feb 2026 - 15:31

Si alguna vez has sentido que al subirte al auto algo cambia, la paciencia se acorta, el claxon aparece y los insultos fluyen, no estás solo. La idea no es nueva y, curiosamente, quedó retratada hace más de 70 años en el corto animado Goofy's Motor Mania, donde Goofy pasa de ser un ciudadano amable a una criatura iracunda apenas toma el volante.

Exagerado, sí… pero no tan lejos de la realidad.

El volante como interruptor emocional

Psicólogos coinciden en que manejar activa una combinación peligrosa: estrés, prisa, sensación de control y anonimato. Dentro del auto, muchos sienten que “mandan”, que el espacio es suyo y que los demás estorban. Ese coctel reduce la empatía y aumenta la impulsividad. En palabras simples: el coche se vuelve una extensión del ego.

No es coraje “porque sí”

El cerebro, al enfrentar tráfico, ruido y retrasos, entra en modo alerta. Cualquier estímulo, un cierre de carril, alguien que no cede el paso, un semáforo más, se interpreta como amenaza o falta de respeto. Ahí aparecen los claxonazos, los arrancones y las miradas desafiantes. No siempre es mala intención: muchas veces es fatiga emocional acumulada.

Cuando el enojo se vuelve riesgo

El problema es que esa transformación al volante tiene consecuencias reales. La agresividad provoca decisiones impulsivas: frenar de golpe, rebasar sin calcular, acelerar “por orgullo”.

Muchos accidentes no ocurren por falta de pericia, sino por exceso de enojo. Basta un segundo para que el Goofy furioso tome el control.

Manejar en Durango

En ciudades como Durango, el escenario suma ingredientes: obras viales, desvíos, calles estrechas, motociclistas, peatones y transporte público compartiendo espacio. La presión por llegar a tiempo, más el tráfico, potencian el cambio de humor. El resultado son percances menores… y otros no tanto, que pudieron evitarse con calma.

¿Se puede evitar el “efecto Goofy”?

La respuesta corta: sí, con hábitos simples. Salir con tiempo reduce la prisa; elegir música tranquila baja la activación; recordar que el otro conductor también es persona frena la deshumanización.

Y una verdad incómoda, pero útil: ningún pleito vial vale un accidente.

El cierre que deja pensando

La caricatura lo mostró con humor, la psicología lo explica y la calle lo confirma: al manejar, muchos nos transformamos. Reconocerlo es el primer paso para que el Goofy furioso se quede en la pantalla… y no al volante.

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