¿Por qué el rechazo a las vacunas está creciendo en México?
Durante años, el sarampión fue visto como una enfermedad prácticamente controlada. Sin embargo, hoy vuelve a encender alertas sanitarias, no solo en México, sino en distintas regiones del mundo. ¿La razón? Una combinación peligrosa: desinformación, rechazo a las vacunas y rezagos históricos en los sistemas de salud.
El fenómeno no es nuevo, pero sí cada vez más visible. En redes sociales circulan mensajes que exageran supuestos efectos secundarios, cuestionan la eficacia de las vacunas o promueven teorías conspirativas. En medio de ese ruido digital, muchas personas terminan sin saber a quién creerle.
Pero reducir el problema a un simple “no quieren vacunarse” sería una lectura incompleta.
Cuando la desconfianza se junta con el rezago
En México, el rechazo a las vacunas convive con otro problema igual de grave: el acceso irregular a los esquemas de vacunación. En distintas regiones del país, especialmente en comunidades rurales o marginadas, padres y madres han reportado la falta de biológicos, campañas intermitentes o largas esperas para completar el esquema de sus hijas e hijos.
Así, mientras algunos deciden no vacunarse por miedo o desinformación, otros simplemente no pueden hacerlo, aun cuando sí quieren. El resultado es el mismo: una cobertura incompleta que debilita la protección colectiva.
De acuerdo con especialistas y organismos internacionales, cuando la vacunación baja de ciertos niveles, las enfermedades prevenibles encuentran el camino perfecto para reaparecer.
El sarampión: una amenaza altamente contagiosa
El sarampión es una enfermedad viral sumamente contagiosa que se transmite por el aire y puede causar complicaciones graves, especialmente en niñas y niños no vacunados. Fiebre alta, erupciones en la piel, infecciones respiratorias e incluso daño neurológico forman parte de sus riesgos.
La vacuna triple viral —que protege contra sarampión, rubéola y paperas— ha demostrado ser segura y altamente efectiva. Sin embargo, su impacto depende de algo clave: que la mayoría de la población esté vacunada.
La Organización Mundial de la Salud ha advertido que la disminución en las tasas de vacunación en varios países ya está provocando brotes que no se veían desde hace décadas. México no es ajeno a ese riesgo.
Un círculo que se retroalimenta
Menos vacunas generan más casos. Más casos alimentan el miedo. Y el miedo, a su vez, fortalece el rechazo a la vacunación. Ese círculo vicioso es uno de los mayores retos actuales para la salud pública.
Autoridades sanitarias han reconocido que no basta con tener vacunas disponibles: también es necesario recuperar la confianza de la población, ofrecer información clara y combatir la desinformación con datos accesibles, no con discursos técnicos o regaños.
La Secretaría de Salud ha insistido en la importancia de completar los esquemas de vacunación, especialmente en menores de edad, ante el riesgo de que enfermedades antes controladas vuelvan a convertirse en un problema cotidiano.
Un llamado que va más allá del debate
El resurgimiento del sarampión deja una lección clara: la vacunación no es solo una decisión individual, sino un acto colectivo. Cuando fallan la información, el acceso o la confianza, las consecuencias alcanzan a todos.
Hoy, más que nunca, el reto está en cerrar brechas, reforzar campañas y recordar que muchas de las enfermedades que parecían parte del pasado siguen ahí, esperando una oportunidad para volver.