Premios y castigos
¿Qué tanto incide en la actitud de los medios de comunicación y de la «comentocracia» hacia los Gobiernos de Morena el recorte de presupuestos y la eliminación de privilegios? Andrés Manuel López Obrador decía ser el presidente «más criticado en la historia del país después de Francisco I. Madero». En la misma tesitura, la presidenta Claudia Sheinbaum pide a las empresas informativas no esparcir mentiras. Si para Carlos Salinas de Gortari, la condición para que el país tuviera un futuro promisorio era que primero le fuera bien al presidente, Sheinbaum parece invertir la fórmula: «a quien no quiera a México le va a ir mal».
El ejercicio de la libertad de expresión «conduce a una azarosa exploración de las convicciones, intereses y egos de quienes detentan el poder», dice el académico Sergio Aguayo en su columna «Rascando límites» (Reforma, 08.07.26). «Las tonalidades de la relación entre medios y gobernantes se reflejan en la distribución de la publicidad», apunta más adelante. Su criterio lo sustenta en cifras recopiladas por Artículo 19 y Fundar sobre el gasto del Gobierno federal en cinco diarios de Ciudad de México entre 2019 y 2023: La Jornada: mil 304 millones de pesos; Milenio Diario, 300 mdp; El Universal, 138 mdp; El Financiero, 75 mdp; y Reforma, 24 mdp.
Aguayo «conmemora» en su posdata 10 años de hostigamiento en los tribunales: «Un exgobernante consideró que mis escritos violentaban su honor e interpuso dos demandas» (el aludido es el coahuilense Humberto Moreira cuyo nombre omite acaso para no exponerse). La Suprema Corte de Justicia de la Nación le dio a Aguayo la razón en el primer juicio, pero el segundo sigue en limbo después de cuatro años. El analista cierra su texto con una ironía provocadora: «Como estamos en México, el Poder Judicial de la CDMX le ha obsequiado todo tipo de cortesías».
Si la publicidad define «las tonalidades de la relación» prensa-Gobierno, entonces puede colegirse que el trato de los medios a la última presidencia del PRI y a la primera de Morena la determinó el presupuesto. De acuerdo con BuzzFeed, entre 2012 y 2018 El Universal recibió más de mil 400 millones pesos, y La Jornada, 540 mdp.
En el siguiente sexenio, los ingresos publicitarios del primero se desplomaron por debajo de los 200 mdp, mientras que el diario de izquierda disparó los suyos a más de mil 500 mdp. En el caso de Reforma, la baja fue de 291 mdp a menos de 30 mdp.
«Por eso es su enojo con nosotros», declaró el presidente López Obrador durante sus conferencias de prensa matutinas.
El Gobierno federal atribuye la hostilidad de los medios tradicionales y de la «comentocracia» al drástico recorte en la publicidad. En contraste, la gran prensa y los analistas replican que las críticas responden al agravamiento de problemas estructurales, principalmente la violencia. Ante este choque de narrativas, surge la interrogante sobre quién tiene mayor credibilidad. Cuando AMLO asumió la presidencia y prometió separar el poder político del económico, la prensa no quedó excluida de esa frontera. Históricamente, la excesiva cercanía entre los medios y el gobernante ha debilitado a ambos, como ocurrió en los sexenios de Carlos Salinas de Gortari y Enrique Peña Nieto. Al final, la estrategia de la llamada 4T parece alinearse con la máxima de Maquiavelo: «La mejor fortaleza se encuentra en el amor del pueblo, porque aunque tengas fortalezas, no te salvarán si eres odiado». El aforismo del florentino resume con precisión la filosofía de legitimidad de este movimiento.