Propósito de Año Nuevo: ¿Cómo empezar a hacer ejercicio?
El inicio de un nuevo año suele traer consigo una energía especial, la sensación de comenzar de nuevo, de replantear hábitos y de hacer espacio para aquello que, durante meses, quedó en pausa. En esa lista de propósitos, el ejercicio aparece con frecuencia como una promesa personal, no solo ligada a lo físico, sino al deseo profundo de sentirse mejor, con más vitalidad, equilibrio y claridad mental. Enero, o cualquier momento que marque un “nuevo comienzo”, se convierte así en el pretexto perfecto para escuchar al cuerpo y preguntarse qué necesita realmente.
Este interés por empezar a hacer ejercicio no siempre nace de la búsqueda de cambios visibles, sino de una necesidad más íntima como reducir el estrés, recuperar energía, dormir mejor o simplemente dedicar tiempo al autocuidado. Lejos de la presión y los estándares irreales, moverse puede ser una forma de reconectar con uno mismo y de transformar un propósito de Año Nuevo en un hábito sostenible. Para quienes están listos para dar ese primer paso, estos cinco tips funcionan como una guía práctica, motivacional y amable para iniciar el camino.
¿CÓMO INICIAR?
Empezar poco a poco y sin prisa es clave para construir una relación sana con el ejercicio, ya que el cuerpo necesita tiempo para adaptarse a nuevos movimientos, ritmos y esfuerzos, por lo que comenzar con rutinas cortas, caminatas suaves o ejercicios de baja intensidad permite avanzar sin agotamiento ni frustración, entendiendo que la constancia nace de lo posible y no de lo extremo.
Elegir una actividad que genere disfrute transforma el ejercicio en un momento esperado del día, porque no existe una fórmula única y el movimiento puede encontrarse en el baile, el yoga, la natación, el pilates o incluso en una caminata acompañada de música, cuando la actividad conecta con el gusto personal deja de sentirse como una obligación y se vuelve un espacio de bienestar.
Otro tip es escuchar al cuerpo y respetar sus señales es fundamental para una práctica segura y consciente, aprender a diferenciar entre el esfuerzo saludable y el dolor innecesario, hidratarse, permitir descansos y detenerse cuando algo no se siente bien forma parte del cuidado integral, ya que el ejercicio no busca castigar al cuerpo sino fortalecerlo.

OBJETIVOS REALISTAS
También es necesario establecer una rutina flexible y realista ayuda a integrar el movimiento en la vida cotidiana, definir días y horarios posibles sin caer en la autoexigencia permite sostener el hábito incluso en semanas complicadas, evitando la sensación de fracaso cuando no se cumple un plan perfecto, valorar el progreso más allá del espejo amplía la motivación y cambia la perspectiva del ejercicio, reconocer mejoras como dormir mejor, tener más energía, reducir el estrés o mejorar el estado de ánimo refuerza la idea de que cada sesión es una inversión en salud, equilibrio y calidad de vida.
Iniciar en el ejercicio es, en esencia, un acto de paciencia y autocompasión, no se trata de llegar rápido ni de cumplir expectativas ajenas, sino de construir una relación duradera con el movimiento, una que acompañe el ritmo personal y celebre cada paso dado en el camino hacia el bienestar.
