Saldos futboleros
Pasado el Mundial 2026, con una participación minoritaria de México, queda analizar el costo/beneficio y los saldos a cubrir por todos nosotros.
Hubo ganadores y perdedores deportivos; contabilice a aquellos que recibieron beneficios económicos y otros, los más numerosos, perdedores representando a las mayorías, con saldos que afectarán a sus economías personales y familiares.
Lo invito a reflexionar sobre algunas cifras y consecuencias, verdades de las que poco nos quieren informar: Calculan que el Mundial de Fútbol 2026, generará alrededor de 13 mil millones de dólares, dineros que servirán para premiar a los participantes, costos de administración de la FIFA, pagos de servicios, considere mercadotecnia y publicidad y apoyo para el desarrollo del fútbol en países rezagados, incluyendo torneos especiales para el incremento de la calidad del deporte.
Aún no hay datos consolidados del Mundial 2026, pero consideran un ingreso aproximado alrededor de 13,000 millones de dólares, que son al alta, contrastando los resultados del período 2019-2022.
Entre los ingresos -en USD-: 3,430 millones por derechos de transmisión televisiva y medios digitales; 1.800 millones de patrocinios y acuerdos comerciales; 740 millones por derechos de licencias para juegos y souvenirs; 900 millones por venta de entradas y hospitalidad; y otros, hasta sumar la cantidad.
Otros gastos reportados por la FIFA, -mundial de Catar- reportados en USD- fueron alrededor de 6,300: premios y subvenciones a federaciones y confederaciones 2,750 millones; organización de competiciones y eventos -incluido el Mundial-, 1,700, agregue apoyo a competiciones; 1300 millones a programas de desarrollo; para gobernanza y administración 40 millones y gastos varios por 150 millones.
Como pagos a clubes -cantidades en USD- por ceder jugadores a sus respectivas selecciones, alrededor de 210 millones; fondos de preparación para las federaciones clasificadas, cerca de 70 millones; además de otros gastos como hospedajes de árbitros, técnicos, personal administrativo, directivos y costos por distintos servicios, como hospitalidad a invitados por la FIFA.
Hay otros datos que mermaron sus ingresos, sin representar beneficios directos a los organizadores.
Calculan que la piratería movió 63,000 millones de pesos anuales con ventas de productos de distintas marcas y no han podido -o querido- detenerla; acomoda la aplicación del refrán que dice: “ladrón que roba al ladrón, tiene cien años de perdón”, ya que los precios de las ropas llamadas “originales” son prohibitivos para el común de los mexicanos. Una simple playera de la selección de México puede costar más de dos mil pesos, equivalente a nueve días de salario mínimo -trescientos quince pesos diarios en el centro del país-. Haga sus cuentas.
Mención aparte se merecen los defraudadores digitales; ellos, oportunamente, crearon sitios fraudulentos que asemejaron al oficial de la FIFA, robando identidades y su dinero a ingenuos y/o descuidados aficionados interesados en información y/o compra de boletos para los partidos. Creando plataformas de datos, para luego delinquir vendiéndolas, es otra ganancia ilegal.
Tal “danza de los millones” representa un gran abuso y el abono recayó en todos los futboleros pagadores de impuestos.
El caso de México es tristemente sorprendente: fuimos abusados imponiéndonos los costos por adecuación, renovación y mantenimiento de zonas denominadas sedes y pagamos otros extraordinarios por: limpieza, seguridad y vigilancia - incluidos uniformes y apoyos extraordinarios, una cantidad difícil de verificar a fondo-.
Se calcula entre 1,000 a 1,500 millones de dólares, haciéndonos dudar al conocer cómo se manejan los politiqueros enquistados en puestos clave.
El colmo del abuso fue el encarecimiento desmedido de las entradas a los estadios, que llegaron a ser de hasta 250 mil pesos por un paquete de cuatro partidos.
El verdadero aficionado mexicano pagó con sus impuestos, pero quedó fuera de sus posibilidades económicas asistir o, dado el caso, debió endeudarse con desgastadoras mensualidades.
Otros ganadores también recibieron sus tajadas del enorme pastel: comercializadoras del vicio, como casas de apuestas, vendedores de alcohol, de souvenirs, hasta transporte forzoso.
Las televisoras no quedaron fuera del reparto y ofertaron sus programaciones especiales para el mundial, aún aquellas que ya cobran altos pagos mensuales que, se supone, deberían incluir todos sus contenidos; no deje afuera a restaurantes y bares, que ganaron dinero con transmisiones que también debieron contratar en forma extraordinaria.
El castigo fue para el aficionado mexicano que no pudo asistir al espectáculo “en vivo”; ese que debió conformarse con mirar por la tele, consumir y ser animado a apostar y gastar en bebidas y “botanas”; eso sí, muchos con la camiseta tricolor bien puesta y esperando el milagro de ver a su equipo ganar.
Otro engaño y diferente abuso, pero dentro del mismo tema, el del empresariado futbolero; ellos incrementaron sus ganancias a costa de los ilusos que esperaban, suspirando, llegar más allá del quinto partido… o “¿y si sí?” ser campeones mundiales.
Todos cubrimos la cuota por divertirnos y soñar.
¿En qué quedaría aquello de “primero los pobres”?
ydarwich@ual.mx