Salida única
Dante Alighieri describe al infierno como una serie de nueve círculos. Ninguno de esos incorpora los excesos retóricos de un gobernante, pero lo impactante es la competencia en esta materia a nivel mundial.
Desde que el Departamento de Justicia del gobierno americano emitió las solicitudes de detención de diez políticos y funcionarios mexicanos, la presidenta entró en una escalada retórica sin incluir una rampa de salida. Día a día ha venido elevando la apuesta, sin medir consecuencias o implicaciones, incluso para su propio gobierno. Ante este panorama, la reunión informal con el presidente Trump del domingo pasado constituye una oportunidad excepcional para bajar la temperatura y restaurar un clima de cordialidad funcional. Me pregunto si la tomará.
Desde el inicio de 2025, cuando tomó posesión el presidente Trump, la presidenta Sheinbaum se encontró con una contraparte mucho más activa, militante e intransigente de lo que había sido su primer gobierno. El embate comenzó con la imposición de aranceles, amenazas más o menos específicas y crecientes demandas respecto a la inseguridad, corrupción e impunidad que caracterizan al país. Un año después, esas demandas se han materializado en la forma de solicitudes de extradición para un grupo de integrantes del partido en el poder y todo indica que se trata apenas de un primer round.
En todo este tiempo, la presidenta había sido cauta y estratégica. Aun sin haber tenido una reunión en persona de mayor substancia, la presidenta había logrado mantener una relación cordial que partía del principio de que no había que confrontar, sino avanzar. Ella misma denominó la estrategia como de “cabeza fría” para ilustrar su enfoque y objetivo. La estrategia tenía todo el sentido porque hay demasiados asuntos que atraviesan la frontera común y que requieren soluciones bilaterales más que conflictos innecesarios.
El devenir de las negociaciones comerciales -el asunto más visible, pero lejos de ser el único- todavía está por resolverse, pero lo que había sido claro para el gobierno mexicano era que ir a las patadas con Sansón no constituía una estrategia razonable, especialmente siendo tan grande la asimetría de poder real, pero sobre todo dada la propensión de la contraparte norteamericana a emplear esa asimetría sin meditar las consecuencias.
Es en este contexto que me pregunto si es razonable y sensato el giro que tomó la retórica presidencial a partir de la emisión de las solicitudes de detención con fines de extradición de los políticos sinaloenses. La solicitud, en adición a otros movimientos por parte de diversas agencias del mismo gobierno, generó una ola expansiva dentro del partido gobernante como si todo el castillo de naipes pudiera venirse abajo. La percepción de riesgo dentro del gobierno llegó a su máximo punto en décadas, amenazando no sólo lo inmediato, sino incluso la relación bilateral cuya trascendencia para el funcionamiento cotidiano del país es difícil de sobreestimar.
La respuesta gubernamental fue enquistarse y atacar a los americanos y su gobierno -desde su cultura e historia hasta sus prácticas gubernamentales- con un ojo más sobre el frente interno que allende la frontera, pero aparentemente sin claridad respecto a qué se requeriría para poder terminar la andanada, que, dada la multiplicidad de factores que vinculan a las dos naciones, nada bueno puede producir. El objetivo obvio de la escalada era evitar la extradición, pero ésta no está en manos del auditorio al que se dirigía la retórica. La cabeza fría había dado lugar a un callejón sin salida de su propia creación.
La invitación del presidente Trump a la presidenta Sheinbaum para asistir al partido final de futbol abrió la enorme oportunidad de reencauzar la relación, bajar la temperatura y retornar a un nuevo estadio de negociación, confiadamente más productivo. A juzgar por las fotografías del evento, la “química” entre los dos presidentes es buena, potencialmente conducente a un entendimiento que permita a las dos partes salvar cara para poder realmente comenzar a avanzar.
Es sabido que hay una facción en el gobierno americano preocupada por el riesgo de una presión excesiva sobre la presidenta Sheinbaum. Sin embargo, la verdadera diferencia entre los “duros” y los “moderados” tiene que ver con la forma y no con lo sustantivo. El gobierno estadounidense está convencido (es público el documento) de que el crimen organizado, la corrupción y una gobernanza ineficaz en México constituyen un riesgo para la seguridad nacional de Estados Unidos. Por lo tanto, la presión no va a disminuir, aunque evidentemente una comunicación efectiva -en lugar de reacciones retóricas- podría llevar a una negociación respecto a un método con el que el gobierno mexicano pudiera vivir, así esto implique optar por la legitimidad frente a la sociedad en detrimento de a de su partido.
La historia de la relación con el presidente Trump todavía está lejos de haber sido escrita, pero la consistencia que había caracterizado a la presidenta había permitido mantener las cosas en alguna semblanza de orden, independientemente de los enormes problemas de seguridad y gobernanza que son inocultables y que, sin duda, persistirán. Con todo, la estrategia de "ca-beza fría" había sido productiva; no sobraría recuperar aquel sendero.
ÁTICO
La única salida de la presidenta para bajar la temperatura en la relación bilateral le cayó del cielo con la invitación a la final del Mundial.