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OPINIÓN

Saltimbanqui

Palabralia.

Saltimbanqui

J. SALVADOR GARCÍA CUÉLLAR 22 oct 2026 - 07:46

Palabra saltarina es esta. Cuando la articulamos, no solo incluimos en ella el concepto de salto, sino que hacemos rebotar la lengua contra el paladar para decir que el sujeto al que nos referimos brinca sobre su propio terreno. Nuestro órgano del habla se convierte en acróbata cuando la pronunciamos.

Saltimbanqui es un préstamo del italiano; su origen es totalmente teatral y callejero; se refiere a una “persona que realiza saltos y ejercicios acrobáticos, generalmente en espectáculos al aire libre”, según el diccionario de la Real Academia.

En italiano antiguo, esta palabra está compuesta del verbo Saltare, la preposición In, que significa Sobre, y un sustantivo: Banco. Todo esto nos da el significado original, que es saltar sobre un banco, aunque aquí la palabra banco se refiere a la plataforma que se colocaba en las ferias para hacer visibles a los actores ante el público. Banco se traduce, en este caso, como escenario.

La palabra italiana es saltimbanco, y su correspondiente plural es saltimbanchi, de donde se derivó al español.

Esta voz es de género común, no se modifica cuando se aplica a una fémina; decimos indistintamente el saltimbanqui y la saltimbanqui.

El saltimbanqui era el cómico de la legua que andaba de feria en feria vendiendo pócimas milagrosas o alguna baratija. Se asemeja a lo que en México llamamos merolico, pero con la diferencia de que el saltimbanqui atraía la atención del público con su espectáculo de saltos, mientras que el merolico lo hace con la pura verborrea.

En el siglo XVII, la voz saltimbanqui era tomada como charlatán o embaucador, por lo que su mención era injuriosa, pero con el paso de los años se convirtió en una palabra poética por su musicalidad saltarina, en staccato. Los escritores del romanticismo se identificaron con ella para describirse a sí mismos; era símbolo de libertad absoluta frente a las rígidas normas de la sociedad burguesa.

Charles Baudelaire, vate francés, retrata las ferias antiguas en su poema en prosa El viejo saltimbanqui.

Dice que en tiempos pasados el pueblo se solazaba en holgorio, con la esperanza de saltimbanquis y prestidigitadores; luego, al final del texto, lleno de melancolía, se ve a sí mismo como el saltimbanqui de la feria, pobre y triste, pero con el compromiso de hacer que los lectores disfruten de sus textos, como el saltimbanqui lo hacía con sus cabriolas.

Gustave Doré nos legó un trágico cuadro llamado Los saltimbanquis o El niño herido. En él retrata a una pareja de artistas callejeros en el momento exacto posterior a un accidente. La madre, con los ojos llenos de lágrimas, abraza a su pequeño hijo con la cabeza vendada y ensangrentada tras haber caído durante una acrobacia. El padre observa desolado mientras sostiene los tambores y las herramientas de su oficio. El mismo pintor se refirió a su obra diciendo que “para ganar dinero mataron a su hijo, y al matarlo descubrieron que tenían corazón”. Es la tragedia de todos los cómicos de la legua: se mantienen de alegrar al público, aunque ellos estén profundamente tristes por su pobreza y su desventura existencial.

Pablo Picasso pintó La familia de saltimbanquis, cuadro donde él se retrata vestido de arlequín. En esta escena las personas se notan distantes unas de otras, no se ven entre ellas; a pesar de que están en grupo se sienten solitarias, como si la vida nómada las aislara de todos los demás humanos. El autorretrato de Picasso no se reduce al parecido de uno de los personajes, pues en el tiempo en que pintó este cuadro (periodo rosa), él mismo estaba empobrecido y solitario; sus pinturas tendían a la depresión, por esa razón él aparece como uno más de los artistas que divierten al público, pero permanecen tristes.

Esta palabra, que empezó evocando a alguien subido a un banco, termina llevándonos mucho más lejos: al artista que sobrevive, al cómico que disimula sus penas, al viajero que no encuentra casa y al ser humano que se arriesga a saltar sin tener asegurado el aterrizaje.

El saltimbanqui no habita el suelo firme, vive en el peligro de sus fugaces pero frecuentes cabriolas, su existencia depende de su habilidad, pues cualquier error puede tener consecuencias fatales. Aunque esta visión es pesimista, en ocasiones nos muestra la vida humana.

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