Dominante. Seattle dominó en yardas totales, superando ampliamente a New England, que apenas sumó 52 yardas en la primera mitad.
Los Seattle Seahawks se coronaron campeones del Super Bowl LX tras derrotar 29-13 a los New England Patriots en el Levi's Stadium. Bajo el sol de Santa Clara, el equipo de Mike Macdonald impuso una dictadura defensiva que asfixió las esperanzas de Drake Maye. Esta victoria marca el regreso de la franquicia a la cima de la NFL, consolidando una temporada histórica basada en la solidez táctica y la contundencia de sus unidades especiales en los momentos clave.
Desde el minuto uno
El duelo comenzó como una batalla de trincheras donde las ofensivas sufrieron para cruzar las diagonales. Kenneth Walker III fue el motor inicial, acumulando más de cien yardas apenas en la primera mitad. Sin embargo, la zona roja fue territorio de Jason Myers, quien convirtió tres goles de campo consecutivos de 33, 39 y 40 yardas. Mientras tanto, la defensiva de Seattle limitó a New England a una producción mínima antes del descanso, dejando el parcial en un sólido 9-0.

Sacando colmillo
En el tercer cuarto, Sam Darnold finalmente encontró la llave del éxito aéreo al conectar un pase de 16 yardas con AJ Barner para el primer touchdown. Esta anotación, producto de un balón suelto provocado por la presión sobre Maye, puso el electrónico 19-0. La consistencia de Darnold y el ritmo del ataque terrestre permitieron que Seattle controlara el reloj de posesión, desgastando físicamente a una defensiva de los Patriots que para ese momento lucía totalmente superada y agotada.
New England mostró señales de vida mediante una conexión de 35 yardas entre Maye y Mack Hollins para su primer touchdown. Con el 19-7, los Patriots intentaron retomar el momento anímico, pero la secundaria de los "Halcones Marinos" respondió de inmediato. Julian Love apagó cualquier incendio con una intercepción quirúrgica en territorio enemigo, devolviendo el ovoide a una ofensiva que supo capitalizar los errores rivales para mantener una distancia de seguridad cómoda hasta el cierre del último periodo.

Golpe de campeón
La historia se escribió con la pierna de Jason Myers, quien concretó su quinto gol de campo para establecer un récord histórico en el Super Bowl. Poco después, Uchenna Nwosu selló el destino del trofeo Vince Lombardi con un touchdown defensivo tras recuperar un balón suelto. Aunque Rhamondre Stevenson anotó un touchdown tardío para los Patriots, el daño era irreversible. Seattle aseguró así su segundo título, culminando una exhibición de jerarquía en todas las líneas del emparrillado californiano.
El silbatazo final confirmó la superioridad de unos Seahawks que dominaron de principio a fin con un plan disciplinado. Con una defensiva imponente que forzó entregas críticas y un pateador en estado de gracia, Seattle levanta el trofeo tras una década de espera. La era de Mike Macdonald inicia con letras de oro, dejando a los Patriots con el amargo sabor de una derrota donde su joven mariscal aprendió una dura lección de rigor profesional en el escenario grande.