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Seguridad para ellos ¿y para nosotros? (II)

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Seguridad para ellos ¿y para nosotros? (II)

LORENZO MEYER 12 oct 2026 - 07:46

Hasta ahora los gobiernos de la 4T han podido capear los embates de la política de la “mala vecindad” trumpista. Y es que, a diferencia de Canadá, el otro vecino de Estados Unidos declarado incómodo por el líder de la gran potencia, los dos gobiernos de la 4T han tenido la habilidad de evitar el choque abierto que hoy caracteriza la relación Washington-Ottawa. Y aquí es posible aventurar una hipótesis donde quizá el racismo ha jugado a favor de México. Y es que ese prejuicio tan arraigado en Trump y sus seguidores ha evitado que el presidente norteamericano humille a nuestro país como lo ha hecho con Canadá al plantear repetidas veces la conveniencia de la anexión de los canadienses a la Unión Americana. Sólo al calor del entusiasmo que despertó entre el publico norteamericano en 1847 la ocupación por el ejército norteamericano de la Ciudad de México se explica el surgimiento en Estados Unidos de un Movement for All México que proponía la anexión de la totalidad de nuestro país al suyo. Y si el proyecto no prosperó fue porque Washington consideró que lo óptimo era anexarse sólo al México casi despoblado para no tener que asimilar de golpe a toda una cultura nacional diferente. En contraste, en el imaginario de Trump un Canadá con todo y canadienses sería ganancia pura. Por inverosímil que eso parezca, el primer ministro canadiense, Mark Carney , se ha visto obligado a considerar tamaña eventualidad, (The New York Times, 23/09/26).

En nuestro caso, lo que no es imposible, es que el presidente norteamericano decida ordenar operaciones “a la venezolana”, es decir, acciones de fuerza de entrada por salida contra objetivos muy específicos en territorio mexicano, aunque una decisión de esa naturaleza generaría más problemas políticos de los que supuestamente resolvería.

El concepto de “esferas de seguridad” desarrollado por el profesor Jeffrey Sachs en torno a la naturaleza de la relación inevitable entre una gran potencia y los países que le rodean -tema ya abordado por esta columna (24/09/26)-, permite al actor débil inducir al otro para que siga una política que no interfiera con la soberanía interna de los países situados en su zona de seguridad. Sachs argumenta que en las condiciones actuales es posible para una gran potencia como Estados Unidos mantener su zona de seguridad sin tener forzosamente que estar interfiriendo en los asuntos internos de los países que la conforman. Desde luego que estos últimos deben evitar que otra gran potencia les use para penetrar la dicha zona de seguridad.

Nuestra propia historia y el caso del “Telegrama Zimmermann” puede servir para ilustrar la propuesta. Como se recordará a inicios de 1917 y cuando Alemania chocó de frente con Estados Unidos a causa de su guerra submarina total para aislar a Inglaterra de sus fuentes externas de suministros, Arthur Zimmermann, el ministro de Asuntos Exteriores alemán, propuso en secreto a México una alianza en contra Estados Unidos. Washington supo de la propuesta alemana y uso el hecho como una de las justificaciones para entrar en guerra con Alemania. En México el gobierno de Venustiano Carranza simplemente actuó con prudencia y se declaró neutral lo que le valió un cierto castigo por parte de Estados Unidos por no haber rechazado la oferta alemana, pero evitó una nueva confrontación armada con el vecino del norte.

Para concluir, la lógica de la geopolítica obliga a México a no dar pie en temas como el narcotráfico para evitar que la gran potencia vecina le considere como un problema para su seguridad interna. A la vez, México siempre debe rechazar con firmeza la interferencia de la gran potencia en sus asuntos internos. Las acciones sistemáticas contra los cárteles de la droga le han permitido a la presidenta mexicana las expresiones públicas de molestia y desaprobación por las relaciones tan estrechas e inapropiadas de la CIA y del embajador norteamericano respectivamente con los gobiernos panistas de Chihuahua y Querétaro en temas de la seguridad mexicana.

En fin, el realismo político obliga a países que viven a la sombra de una gran potencia como el nuestro a ser cautos en la relación asimétrica, pero, a la vez, también debería obligarles a tener una buena política interna pues esa es la mejor base posible para exigir respeto a la soberanía en el manejo de sus asuntos internos.

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