Entretenimiento. En el Centro Histórico es muy común ver durante los fines de semana y en las mañanas y tardes a personas que venden globos con todo tipo de figuras.
En distintos cruceros de Durango, cuando el semáforo marca el alto, comienza una dinámica que para muchos ya es parte del paisaje urbano.
En cuestión de segundos, hombres y mujeres se acercan a los vehículos para ofrecer distintos productos o servicios, aprovechando el breve lapso en que el tráfico permanece detenido.
Es una escena cotidiana que refleja tanto el ingenio como la necesidad de quienes buscan obtener ingresos en medio de la vialidad.
Entre los trabajadores informales se encuentran vendedores de flores que cargan ramos coloridos, comerciantes de globos que destacan por sus figuras llamativas y también personas que ofrecen fruta picada lista para consumir.
A ellos se suman quienes venden dulces y semillas, recorriendo los carriles con bolsas en mano mientras intentan captar la atención de los automovilistas antes de que la luz cambie a verde.
Además de la venta de productos, también están quienes ofrecen servicios rápidos.
Los limpiaparabrisas se acercan con escurridores y botellas de agua para retirar el polvo acumulado en los cristales, mientras que otros, con una franela en mano, limpian cofres o ventanas laterales esperando recibir una moneda a cambio.
Todo ocurre en cuestión de segundos, en un entorno donde el ruido del tráfico y la prisa forman parte del escenario diario.
La presencia constante de personas caminando entre vehículos detenidos implica riesgos tanto para ellos como para los conductores. Sin embargo, mientras el semáforo continúe marcando el ritmo en cada cruce, estos trabajadores seguirán encontrando en el alto momentáneo una oportunidad para sostener su economía.





