Teteutzin y el arte que siembran en la J. Guadalupe Rodríguez 'La Rorro'
En la colonia J. Guadalupe Rodríguez, conocida popularmente como “La Rorro”, un grupo de niñas, niños y adolescentes participa en un proceso creativo donde el arte se convierte en una herramienta para contar la historia de su propio barrio. El proyecto “Lo que cuentan en La Rorro”, impulsado por la compañía Teteutzin Artes Vivas, fue seleccionado dentro del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC), un estímulo que permitió poner en marcha una propuesta cultural construida desde la memoria y la vida cotidiana de la comunidad.
La iniciativa, dirigida por Perla Mapula y Miguel Rodríguez, involucra a alrededor de 18 niñas y niños vinculados con la colonia, ya sea porque viven ahí o porque sus familias mantienen lazos con el lugar, en un proceso artístico que combina investigación comunitaria, teatro de títeres y música en vivo.
HISTORIAS, LAS VOCES DE LOS NIÑOS
El corazón del proyecto es la memoria oral. A partir de pequeñas entrevistas realizadas por los propios niños a sus abuelos y vecinos, se han recuperado historias de vida, anécdotas y recuerdos que forman parte de la identidad de la colonia.

“Pensamos el proyecto para vincular a los abuelos con sus historias y que los niños pudieran conocerlas y representarlas con títeres y música en vivo”, explicó Mapula. La intención, añadió, es que la colonia pueda mirarse a sí misma a través del arte y de aquello que la conforma día con día.
Las historias recopiladas se transforman en escenas de teatro de títeres que los propios participantes interpretarán. En paralelo, los niños trabajan en la creación musical del proyecto, algunos aprenden guitarra, otros componen letras y unos más participan en la interpretación.
“El proceso ha sido desde cero, escribir, preguntar, investigar, componer música. Ellos están viviendo todo el proceso creativo de una obra”, señaló la codirectora de Teteutzin.
UN ESPACIO QUE NACE DESDE LA COLONIA
El proyecto tiene además un significado profundamente personal para Mapula, quien creció en la colonia y en la misma casa donde hoy funciona el espacio cultural independiente de la compañía.

Abrir las puertas de ese lugar para recibir a nuevas generaciones representa una forma de devolverle algo a la comunidad que la vio crecer.
Desde su origen, el espacio fue pensado como un punto de encuentro para las infancias del barrio. “Son niños y niñas que muchas veces pasan gran parte del día en la calle porque sus padres trabajan por muchas horas. Queríamos que tuvieran un lugar donde pudieran leer, pintar, jugar o simplemente estar”, explicó.
Con el apoyo del PACMyC, la idea que la compañía había imaginado durante años finalmente pudo materializarse. El recurso económico fue destinado a la compra de instrumentos musicales, materiales para títeres, escenografía y equipo técnico necesario para desarrollar el proyecto.
ARTE COMO SEMILLA
Más allá de la obra final, los creadores coinciden en que el objetivo principal es abrir posibilidades para las infancias.
“Queremos sembrar esa semillita del arte”, comentó Miguel “Que conozcan distintas ramas, música, pintura, títeres, fotografía. Que ellos mismos descubran qué les gusta y qué les llama la atención”.

El proceso ha generado también sorpresas. Aunque inicialmente se pensó para niñas y niños de primaria, algunos adolescentes se han sumado al proyecto con entusiasmo, participando tanto en la creación musical como en el trabajo escénico.
La música del montaje refleja también el diálogo entre generaciones: mientras las historias de los adultos mayores se narran con la estructura de corrido, las experiencias de los niños aparecen en forma de rap, un género que ellos mismos comenzaron a improvisar durante los talleres.
PRESENTACIÓN PARA LA COMUNIDAD
El resultado del proceso creativo se presentará el 23 de abril, en el marco del Día Internacional del Libro, en el espacio cultural de la compañía ubicado en la colonia J. Guadalupe Rodríguez. La función será, sobre todo, una celebración comunitaria. La invitación está dirigida principalmente a las familias de la colonia y a quienes deseen conocer el trabajo que las infancias han construido a lo largo de los últimos meses.
Para la compañía, el proyecto demuestra el potencial que existe en las comunidades cuando el arte se convierte en un punto de encuentro.
“Lo pensamos con todo el corazón”, afirmó Miguel. “Quizá no podamos cambiar completamente la vida de estos niños, pero sí queremos que vean que existen otras posibilidades, que el arte también puede ser un camino”.