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Tiempo, corazón y empatía, el motor de una voluntaria en la Cruz Roja

El trabajo de Diana Ibarraza no solo exige destreza técnica, sino también un manejo emocional para el que uno no siempre está preparado.

Tiempo, corazón y empatía, el motor de una voluntaria en la Cruz Roja

DINORA G. SOLÍS 3 jun 2026 - 13:01

En un mundo que a menudo camina de prisa y sumergido en sus propias preocupaciones, existen personas que deciden detenerse, mirar al lado y entregar lo más valioso que tienen: su tiempo y su estabilidad emocional.

Diana Sara Ibarraza Frausto es una de ellas. Con una década de historia en la Cruz Roja de Durango, cinco años de formación y cinco más como voluntaria, Diana es Técnica en Urgencias Médicas y Fisioterapeuta de profesión. Su motor no es un cheque quincenal, sino el "placer de servir".

Sin embargo, para que esta entrega de cada guardia rinda frutos, se necesita de la solidaridad de la comunidad, esa que se manifiesta de forma tan sencilla pero significativa a través de una moneda en el boteo.

El llamado

La vocación de Diana no surgió en un aula, sino en el asfalto. Tras concluir su licenciatura, un viaje familiar junto a su madre se convirtió en el punto de inflexión al presenciar una emergencia. "Ahí dije: yo quiero hacer eso", comparte. Aunque el trabajo intentó interponerse en sus planes, la apertura de la carrera técnica en la Cruz Roja le abrió la puerta a una gran responsabilidad: "Portar este uniforme va de la mano con salvar una vida".

Empatía hace la diferencia

Al hablar de las colectas, Diana lo ve como un ejercicio de solidaridad compartida: "Aunque los servicios son gratuitos, los materiales y la gasolina cuestan. Se trata de empatía, porque todos podemos necesitar alguna vez de la Cruz Roja". Sus palabras son una invitación a hacer equipo pues mientras los paramédicos ponen el cuerpo y el corazón en jornadas de 12 horas en zonas de riesgo, un pequeño donativo es la manera en que la comunidad los respalda.

La guerra interna

Su trabajo no solo exige destreza técnica, también exige un manejo emocional para el que no siempre se está preparado. Diana comparte que acude al psiquiatra para alinear las emociones a las que se expone, una herramienta vital tras recordar, por ejemplo, el impacto de su tercer servicio: un accidente donde el paciente falleció carbonizado.

"Al inicio sí te clavas, te preguntas inevitablemente quién fue, quién es... Surgen nuevas sensaciones o sentimientos que pueden llevarnos hasta cierta depresión. Sin darnos cuenta, nos atrapa el servicio", confiesa.

Una "locura" que complementa vidas

Además de salvar vidas en la ambulancia, Diana ejerce la fisioterapia y comparte sus conocimientos como docente. Al preguntarle cómo logra combinar tantas facetas, sonríe: "Me vuelvo loca un ratito, pero creo que mi locura se controla. Ambas profesiones se complementan".

A aquellos que sienten "la cosquillita" de seguir sus pasos pero no se atreven, les deja como reflexión analizar su perfil, pero sobre todo, saber manejar las emociones. Porque en el asiento de una ambulancia, la parte emocional lo es todo.

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