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Tuteo

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FEDERICO REYES HEROLES 1 sep 2026 - 07:40

Creo que nadie desearía regresar a las formas imperiales de trato interpersonal. Esas reverencias lingüísticas que marcan un abismo entre una autoridad y un ciudadano. Absurdo. Los códigos han cambiado y mucho. En el salón de clase es difícil que un maestro joven reciba ese trato de sus alumnos, maestro. Pero ¿debe un maestro tutear a una alumna más joven que él? No es acaso el usted una forma de sano respeto. O entre colegas, pensemos en el trato dentro de un hospital, ¿deben los grandes médicos tutear a las enfermeras? ¿No es eso lo contrario a la distancia necesaria en una relación de trabajo? Lo peor aún es la asimetría, hablarle de tú a los meseros, incluso a los mayores, y decirle Beto tráeme… sin siquiera un “por favor” de por medio.

En muchas familias guatemaltecas el usted no erradica el cariño. Por el contrario, a los invitados se les habla en segunda persona, pero entre la familia la tercera persona recuerda ese otro vínculo afectivo. Hay amigos de toda la vida que se hablan de usted, en muchas ocasiones, en el inicio hubo una jerarquía que se desvaneció, no así el respeto. En los ricos matices de nuestro idioma tenemos además el don y doña de uso común hacia las personas mayores. O también cuando se trata de alguien que merece nuestro respeto. Hay muchas lenguas que mantienen la tercera persona como un trato respetuoso entre quienes no se conocen. O, insisto, cuando existe una relación jerárquica y de responsabilidad compartida. En las tripulaciones aéreas, los copilotos se dirigen a la cabeza de la tripulación como “capitán”. Ya no digamos en el medio marino o en el eclesiástico. ¿Son mutuamente excluyentes un tuteo cada vez más popular y la tercera persona imprescindible para recordar jerarquías y responsabilidades? No. En alemán, en francés, pero también en los países escandinavos, es imposible concebir que el recepcionista de un hotel salude tuteando. Ya veo que al rey de Noruega -recién fallecido- le hubieran lanzado un Harald en el Parlamento.

La política también exige un lenguaje protocolario cuidadoso. Basta con releer a Hobbes en el Leviatán. Desde la portadilla -hermosísima por cierto- queda claro que la espada y el cetro, quedan en las manos de una enorme autoridad que se erige a partir de múltiples diminutos ciudadanos. En toda Latinoamérica el señor presidente o presidenta en el caso, era obligado. El texto de M. A. Asturias viene a la mente. Poco a poco llegamos al llano presidente. Hay la discusión de si el “título” se conserva o no. Me queda claro que a J. M. Sanguinetti nunca le quitaré el presidente.

Pero en México, desde hace alrededor de nueve años, hemos caído en una suerte de tuteo autoritario. Agravado por el incontrolable megáfono de la “mañanera”, el presidente -ahora la presidenta -se puede dirigir a quien quiera en segunda persona. Por lo pronto a los reporteros: “… a ver, tú”. Qué acaso con todos lleva una amistad. ¿Es reversible?: “¿Claudia, por qué no cuadran las cifras de PEMEX?” “¿Claudia, me podrías explicar por qué han aumentado tanto los desaparecidos?” De allí se procede a “Omar, Rosa Icela, Luisa, David, etc., contesten”. Entre ellos que se hablen como quieran, pero son secretarios de Estado, responden a los ciudadanos, en su calidad de servidores públicos responsables de ciertas áreas. ¡Hasta la Fiscal -Ernestina- es parte del elenco! Referirse a los ciudadanos en tercera persona no es clasismo, es respeto mutuo. El tuteo no es más democrático y confunde jerarquías y responsabilidades.

Con motivo del informe -que pasó de ser el día del presidente al mes de la presidenta- los medios están infestados de mensajes en segunda persona leídos por la presidenta. “Sabías que…” y viene la propaganda. Majestad, RAE: “…una superioridad que impone respeto sobre los demás”.

Me preocupan los cierres a los trayectos presidenciales. El rebote del tuteo puede anunciar la pérdida del respeto a la autoridad.

Todos perdemos.

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