Un Día Mundial de Agua 2026 para llorar no para celebrar
Ni agorero ni sortílego. De lo que escribo enseguida no se basa ni en agüeros ni en augurios, el agorero adivina o pronostica en base a augurios, los que describen la situación global del agua son científicos, luego entonces, se basan en ciencia.
El 20 de enero de 2026, la Organización de Naciones Unidas (ONU) informó la Bancarrota hídrica global a través de un informe del Instituto del agua, medio ambiente y salud (ONU-INWEH), en el que se nos explica de diferentes maneras que los ríos, lagos, acuíferos y humedales se están agotando más rápido de lo que la naturaleza puede reponerlos, esto es, están en proceso de extinción.
Entre las cifras del informe destaca que más del 50% de los grandes lagos del planeta han perdido agua desde principios de la década de 1990; el 50% del agua de uso doméstico y más del 40% del agua de riego proviene de aguas subterráneas; el 70% de los grandes acuíferos muestra tendencias en declive a largo plazo. Además, 410 millones de hectáreas de humedales han desaparecido en 50 años; más del 30% de la masa de los glaciares se ha perdido desde los años setentas y el agua de docenas de grandes ríos no llega al mar durante partes del año.
Los impactos socioeconómicos del secamiento del planeta son igual de terribles: más de 1800 millones de personas vivían en condiciones de sequía en 2022-2023; 4000 millones de personas se enfrentan a graves carestías de agua al menos un mes al año; el valor anual de las pérdidas de los servicios que proporcionaban los humedales desaparecidos es de 1.5 billones de dólares.
La humanidad no sólo ha gastado el ingreso anual de agua de ríos y lluvias, sino que ha vaciado los ahorros milenarios guardados en glaciares, humedales y acuíferos. Esto significa quiebra hídrica de los sistemas involucrados.
La bancarrota hídrica es más que una metáfora que describe el colapso de un sistema que ha gastado más agua de la que puede reponer, y que ha contaminado más de lo que puede depurar.
No es casual que se haya usado el término, pensaron algunos economistas que si la causa de todos los males es la economía capitalista entonces se debería hablar en un lenguaje que entendieran las empresas, y el termino bancarrota lo entienden muy bien y saben que significa que el modelo dejó de sostenerse, peor aún: que ningún negocio sobrevive cuando el recurso del que depende se agota.
Sin el agua, no existe ni economía, ni agricultura, ni ciudades, señalan los economistas que la quiebra hídrica pone el foco en la necesidad de gestionar este recurso con el mismo rigor con el que se vigilan las cuentas de un banco.
La pregunta que tenemos que hacernos los Laguneros es ¿La Comarca Lagunera se encuentra en Bancarrota hídrica? Mi opinión es que somos un vivo ejemplo de ello. En nuestra región este concepto se vuelve tangible: acuíferos sobreexplotados, contaminantes persistentes y una creciente desigualdad en el acceso al agua. La cual pretende resolverse con un proyecto temporal que le apuesta al agua superficial, sin embargo, una sequía extrema puede superar esta solución local y ponernos contra la pared.
Desde hace tiempo, la región enfrenta una bancarrota hídrica que amenaza simultáneamente la salud, la equidad social y el desarrollo económico.
Reitero, la solución local no resuelve el agotamiento de los ahorros, (acuíferos sobreexplotados), tampoco la contaminación con arsénico, fluoruro, yodo y pesticidas del agua subterránea, ni la degradación de los corredores fluviales y la pérdida de biodiversidad y servicios ambientales.
La bancarrota hídrica no es un destino inevitable dijo hace unos días el maestro Rafael Zuno, y yo agrego es un llamado urgente a reconocerla y a reinventar nuestra relación con el agua, a transformar la ciencia en consciencia y la consciencia en acción.