Un pato con casa
Merlín es un pato con suerte. De regalo a una familia con un puesto de refrescos y jugos en el centro histórico de la Ciudad de México pasó a convertirse en verdadera mascota de la Copa del Mundo en México. ¿O acaso alguien se acuerda de Zayu, el jaguar?
Unos videos grabados en las celebraciones por el triunfo de México contra Sudáfrica el 11 de junio en el Mundial mostraron a Merlín contoneándose coquetamente con una camiseta de la selección por los carriles centrales del Paseo de la Reforma. Las imágenes se hicieron virales en redes, no solo en México sino en el mundo, y lanzaron a la fama a este simpático pato.
La fama produce atención. Varios medios de comunicación entrevistaron a los dueños, Karla Ivette Gómez López, madre soltera de 48 años, y sus hijos Carlos de 22 y Christian de 14. La familia vive en un local comercial y su precaria situación económica generó simpatía popular. La presidenta Sheinbaum invitó a la familia y al pato a la mañanera, pero en un principio Karla se negó, argumentando que mejor debería recibir a las madres buscadoras. Después accedió y se presentó el 22 de junio.
Karla y su familia han obtenido beneficios por su aceptación. La presidenta ordenó al IMPI, el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, que registrara la marca del pato Merlín que codiciaban otras empresas y personas. El registro se oficializó el 26 de junio, cuatro días después, a pesar de que es un proceso que tarda de cuatro a seis meses, si no hay errores ni objeciones, y que habitualmente requiere el apoyo de abogados especializados.
El 10 de julio la presidenta anunció que se entregará a la familia una casa en la Ciudad de México del programa Viviendas del Bienestar. Estas son casas que se venden con créditos blandos a personas con ingresos inferiores a dos salarios mínimos y tienen un precio máximo de 630 mil pesos, significativamente menor al de mercado que supera el millón de pesos. Hay una larga lista de espera para estas viviendas, pero la familia del pato no tuvo que aguardar.
Me parece maravilloso que Merlín se haya hecho tan popular sin ser producto de un proyecto de marketing que buscaba subrayar, con Zayu, símbolo de las selvas del Mayab, el mensaje de la 4T de que México es solo producto de las culturas indígenas. Merlín es, en cambio, un pato Pekín americano, una raza grande de plumaje blanco originaria de China, pero desarrollada en Estados Unidos para producción de carne de ave.
¡Qué bueno que se le dieron facilidades a la familia del pato para obtener el registro de marca!, pero es un caso más del tradicional influyentismo mexicano. En lugar de apresurar un registro por órdenes de la presidenta, el gobierno debería tomar medidas para facilitar este trámite tan importante para la creación de empresas y marcas mexicanas.
La historia de la familia pobre a la que el gobierno “le da” una casa -en realidad tiene que pagarla, aunque a un precio subsidiado-- genera simpatía y apoyos políticos, pero asignar la vivienda a una familia que ni siquiera había presentado solicitud, dejando atrás a muchas que llevan meses en listas de espera, es también ejemplo de influyentismo.
La historia de Merlín es típicamente mexicana. Un pato se vuelve famoso ante la falta de atractivo de la mascota oficial. La familia dueña rechaza una invitación de la presidenta y pide que quienes realmente necesitan hablar con ella sean recibidos, pero el gobierno la convence, exhibe al pato y lo usa para su promoción política. A cambio favorece a la familia con tratos especiales. Los priistas decían que les había hecho justicia la revolución.
EN PRIVADO
Dice la presidenta Sheinbaum que sí recibe a las madres buscadoras, pero en privado. Al pato Merlín, en cambio, lo recibió en público. ¿Se avergüenza de las madres buscadoras o no le sirven para sus propósitos políticos?
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